Opinión

Retos y perspectivas
tras las elecciones

 
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petroleo

Investigador Asociado de El Colegio de México y Director del Centro Tepoztlán Victor Urquidi AC.

A la memoria de Manuel Camacho Solis, estimado amigo y político.

Concluidas las elecciones de medio sexenio, es indispensable volver a pensar en el futuro de nuestro país y de la economía en términos responsables y realistas. ¿A dónde vamos? Urge una definición del gobierno y un nuevo pacto social frente a la situación y perspectivas de a economía nacional y el contexto internacional. De lo contrario, frente a la crisis económica y social, las tentaciones serán grandes para hacer concesiones lamentables en lo interno y externo.

Tomemos el caso del petróleo. Las previsiones de producción, ingresos fiscales y de divisas en el corto y mediano plazos van a la baja. ¿Qué puede esperarse de la reforma petrolera? Muy poco.

Si se cumple el calendario previsto, hoy martes estará lista la versión final de los primeros contratos petroleros para aguas someras y el próximo 15 de julio se anunciaría el primero de ellos con empresas extranjeras. Hasta ahora 38 empresas están en la carrera por alguno de los 14 bloques de exploración. Las autoridades señalan que se han adaptado los contratos a los estándares internacionales, al panorama mundial de la industria y a las expectativas de precios del crudo que, tras la reunión de la OPEP en Viena, se esperan en el mediano plazo entre un piso de 40 y un techo de 70 dólares por barril.

En diciembre pasado, nuestro gobierno ofrecía ganancias de 15 por ciento a través del llamado “mecanismo de ajuste", un índice de rentabilidad antes de impuestos que entra en operación cuando el precio del crudo supera las estimaciones o cuando las empresas hacen un hallazgo significativo de petróleo. Pero, como lo señala un artículo reciente en El País, después de la caída del precio en marzo el gobierno elevó la tasa de ganancia a 20 por ciento y “tras la presión de las compañías… han cedido hasta 25 por ciento”. Adicionalmente se dice que se han considerado otros atractivos para acelerar las inversiones, como un incentivo adicional de “reconocimiento de costos”, estimado en 25 por ciento de la inversión inicial. ¿Hasta dónde vamos a llegar?

Se requiere una nueva visión y estrategia general, como la que propone el Memorándum del Grupo Nuevo Curso de Desarrollo ante la situación y la perspectiva económica y social. *

Tras la crisis de 2009, seguimos sin lograr una recuperación sostenida, generalizada y compartida. El desempeño productivo continúa siendo decepcionante en relación, sobre todo, a las necesidades de ampliación y modernización de la infraestructura y la planta productiva, la creación de suficientes empleos de calidad y la superación de la pobreza. Los ingresos de la mayor parte de la población, reflejados en la masa salarial y otros indicadores, continúan siendo inferiores en valores reales a los que existían antes de la gran recesión.

En los últimos dos años hemos presenciado un constante ajuste a la baja de los pronósticos de crecimiento, principalmente por la incapacidad nacional para invertir lo suficiente, recuperar el consumo y el mercado interno. El comportamiento de la inversión -que difiere notoriamente en las cifras del Inegi y de las autoridades hacendarias en lo que se refiere al sector público- sigue mostrando debilidad, a pesar de la inversión extranjera directa en ramas, como la automotriz.

Junto al deterioro en variables económicas externas e internas, experimentamos un entorno de desgaste político, de liderazgos debilitados y de un escepticismo y disgusto social que retroalimentan las menguantes expectativas económicas. Crecen la incertidumbre por la inseguridad pública, la irritación creciente ante la corrupción y la baja credibilidad institucional.

El mediocre desempeño económico mostrado por México obedece tanto a causas estructurales como de corto plazo, internas y externas. Parecería sensato someter a debate, algunos cambios, incluso si se da por hecho que las reformas estructurales funcionen correctamente.

Lo que se cuestiona es si la estrategia general de desarrollo por la que se ha apostado es la correcta. Somos sin duda un país altamente exportador, que ha sido exitoso en la estabilidad macroeconómica, pero a un costo social muy elevado, pues la pobreza y la desigualdad no ceden. Por ello, en el contexto global, consideramos indispensable instrumentar nuevos impulsos internos para un crecimiento centrado en la generación de empleo digno, como prerrequisito de una recuperación sostenida. Ello exige revisar las reformas fiscal y financiera.

Se reconoce una brecha ante el producto potencial, pero siguen ausentes las políticas activas de fomento. Urge una nueva estrategia de política industrial y de encadenamientos productivos que aproveche las capacidades nacionales de abastecimiento. La nueva ley para impulsar el incremento sostenido de la productividad y la competitividad de la economía nacional debe ser aplicada con todos los instrumentos para “democratizar la productividad”.

La política industrial se acepta ya como eje clave del crecimiento. Sin embargo, aún no se observa un programa de acciones concertadas entre las diversas secretarías de Estado responsables de sectores productivos y de servicios y del Conacyt, dirigido a mejorar la productividad por la vía de las inversiones, la capacitación y la investigación y el desarrollo tecnológico. Se observa escaso avance en las políticas sectoriales-excepción de ramas como la textil y del vestido y el calzado.

Es la oportunidad de una revisión de medio término de las estrategias de desarrollo, que en buena medida han quedado rebasadas por los nuevos escenarios nacionales y globales. Ello implica adoptar una política industrial y comercial más pragmática, haciendo lo que nuestros socios comerciales ya realizan: estimular la inversión y los mercados nacionales -como lo demandan Concamin y las cámaras industriales-. Ello exige mantener un tipo de cambio competitivo que favorezca las exportaciones y las cadenas productivas de origen nacional, así como el consumo de bienes locales; el sector energético requiere proveedores e industrialización.

La superación del tenso ambiente social debe buscarse también con decisiones que eleven el bienestar de la mayoría de la población. Un ambiente favorable al crecimiento con equidad y la generación de empleos de calidad es el mejor antídoto de largo plazo para la tensión, el enfrentamiento social y la violencia.

* Ver: Grupo Nuevo Curso de Desarrollo. (R. Cordera et al) México ante la Crisis. UNAM, mayo, 2015.

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