Opinión

Responde Aristóteles

1
   

    

Jorge Aristóteles Sandoval, gobernador de Jalisco. (Especial)

El gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval, no está de acuerdo con la descripción que en este espacio se hizo de su capacidad de gobierno el miércoles. Rechaza con palabras estar derrotado o resignado frente al poder y la violencia del Cártel Jalisco Nueva Generación. “No minimizamos, ni negamos la problemática”, afirmó en una conversación. “La estamos combatiendo todos los días”. En lo que va de su administración, nueve funcionarios de primer nivel en distintos ámbitos de gobierno han sido asesinados, y más del 20 por ciento de los 124 municipios fueron penetrados por las organizaciones criminales, que controlan la vida y el destino de sus pobladores. ¿Cómo sucedió?

Sandoval da algunas claves. “Lo habíamos visto desde hace seis años”, dice el gobernador al hacer memoria del momento en que detectó la penetración criminal en los diferentes niveles de gobierno en el estado. La línea de tiempo que plantea comienza con el gobierno panista de Emilio González Márquez, quien llegó a la gubernatura ayudado por una campaña negativa en la última recta de la campaña de 2006, al acusar al candidato del PRI al gobierno estatal, Arturo Zamora, de estar vinculado al narcotráfico. Zamora perdió la elección por escasos 100 mil votos y la acusación que se le imputó nunca fue probada. Jalisco, entre tanto, entró en años de convulsión y evolución criminal.

Hacía casi 35 años que el narcotráfico, como violencia callejera cotidiana, era sólo un recuerdo. Las cosas cambiaron una tarde de finales de junio de 2010 cuando en un operativo en la hermosa zona residencial Colinas de San Javier, en Zapopan, municipio conurbado de Guadalajara, Ignacio Coronel fue abatido por un comando del Ejército cuando intentaba huir. Nacho Coronel, como era conocido, era el virrey criminal en Jalisco, durante una larga era donde fue de los líderes del Cártel de Sinaloa, después llamado del Pacífico. Se relacionaba con políticos y empresarios y, en un acuerdo no escrito, su presencia propiciaba un entorno de tranquilidad y estabilidad social en el estado.

Coronel estaba de salida del negocio criminal, que había heredado a su sobrino Martín Coronel Beltrán, y que desató conflictos en el interior de la organización. Nacho Coronel operaba en Jalisco los negocios en los cuales, dentro de los capos sinaloenses, el más involucrado era Joaquín El Chapo Guzmán, que se casó con una sobrina de Coronel pocos años antes: las metanfetaminas. Su muerte dejó el camino libre a Guzmán para controlar Jalisco, en donde surgió una filial del Cártel del Pacífico que fue independizándose, el Cártel Jalisco Nueva Generación, en donde resurgió el viejo Cártel del Milenio, de la familia Valencia.

Ese rompimiento fue uno de los fundamentales durante la guerra contra las drogas emprendida por el presidente Felipe Calderón, y el más lucrativo del momento, al desplazar las drogas sintéticas a la cocaína entre los productos más solicitados por los consumidores estadounidenses. En la línea de tiempo de la que habló el gobernador Sandoval, la penetración del narcotráfico en las instituciones de Jalisco se dio desde 2008, cuando ocurrió el primer gran reacomodo de los cárteles, con la ruptura de los hermanos Beltrán Leyva con sus socios y parientes sinaloenses, y el realineamiento de los primeros con Los Zetas.

Sin embargo, tras algunos enfrentamientos posteriores a la muerte de Coronel por la disputa del control del negocio en Jalisco, la violencia callejera pasó a ser ocasional. “La descomposición se había enquistado”, dijo Sandoval en la conversación con este reportero. “(El Cártel Jalisco Nueva Generación) infiltró las instituciones con apoyos y compromisos que alguna vez se habían solapado”. De acuerdo con el gobernador, esta penetración se dio al nivel de presidentes municipales, regidores, directores de seguridad y policías de distintos ámbitos de gobierno. Al cambio de gobierno, en marzo de 2013, el estado se sacudió.

“El narcotráfico se había infiltrado y operaba con impunidad”, agregó el gobernador. Uno de los problemas que encontró, la variable que enfrentan todos los gobernadores, fue la penetración en las Policías Municipales. Cuando detenían policías, había enfrentamientos. “Se supone que pudo haber habido un acuerdo”, dijo. “Se está investigando y hay policías detenidos”. Los casos paradigmáticos hasta el momento son los municipios de Cocula, a 56 kilómetros de Guadalajara, y Casimiro Castillo, en la zona de la costa sur, donde en diciembre pasado la Fuerza Única de Jalisco –la vieja Policía Estatal Judicial–, tomó el control de las policías y detuvo a unos 70 elementos bajo la sospecha de estar vinculados con el narcotráfico.

Sandoval dijo que no son los únicos municipios infectados por el crimen organizado. “Veintitrés municipios se están atendiendo”, dijo el gobernador, al utilizar un eufemismo de “investigando”. Se encuentran en las zonas sur y de la costa sur de Jalisco, pero no quiso identificarlos. Pero dos municipios, adelantó, seguirán “pronto” el camino de Cocula y Casimiro Castillo. Hay algunos municipios que se encuentran en lo alto de esa lista, a decir por el trabajo realizado por las fuerzas federales. El principal es El Grullo, en la zona sur, donde tenía su base Nemesio Oseguera, El Mencho, el único jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación aún libre.

El gobernador discrepó con lo planteado en este espacio sobre que no puede enfrentar al crimen organizado y que durante su administración el estado de cosas ha empeorado. “El estado está en calma”, aseguró. “Combatimos a la delincuencia todos los días”, insistió.

Twitter: @rivapa

También te puede interesar:
Las 'Chivas', asunto de Estado
Gobernador fallido
Gobierno bajo fuego