Opinión

Resolver el acertijo del crecimiento

Ayer, en el Club de Industriales una decena de expertos independientes discutió, a convocatoria del CEESP y de El Financiero, ¿qué hacer para crecer?

Los temas fueron muchos, pero déjeme poner sobre la mesa un asunto que me parece esencial y que se abordó en la discusión.

Como pocas veces, esta semana hubo cifras que reflejaron el gran problema que tenemos en México.

Las exportaciones de autos crecieron durante los primeros cinco meses del año a una tasa anual de 11.6 por ciento.

Pero además, el volumen de autos exportados en ese periodo fue superior en 77 por ciento al del mismo lapso de 2007.

Esto significa una tasa media anual de 8.2 por ciento para esos siete años, pese a la gran crisis de 2009.

Como ya se ha dicho, México es una potencia mundial en exportación automotriz y ocupa el cuarto lugar en el orbe.

Pero, del otro lado, se dio a conocer que en el mismo lapso las ventas de vehículos en el mercado interno cayeron 0.8 por ciento y estamos 5.2 por ciento por abajo del monto máximo al que se llegó en México en 2007.

Tenemos industrias, empresas, regiones, que crecen como si estuviéramos en China, o más aún.

Y tenemos otros en los que poco diferimos del estancamiento de largo plazo que viven en Europa.

¿Qué permite que un mercado crezca y el otro no?

Podría contestarse fácilmente: en un lado hay demanda y en otro no.

Ese es un factor determinante de que las exportaciones crezcan y el consumo interno no.

¿Qué determina la demanda interna?

La suma de consumo privado y público, inversión, y las exportaciones netas.

El consumo tiende a moverse de manera relativamente estable. Puede tener variaciones en el corto plazo, por ejemplo, por fenómenos como la reforma fiscal, pero a la larga, crece de manera más uniforme.

La variable determinante del crecimiento, se sabe desde hace muchos años, es la inversión.

Para que la economía crezca, no hay de otra, debe crecer aún más la inversión.

Entre 2000 y 2013, la formación bruta de capital fijo aumentó en México a una tasa anual media de sólo 2.9 por ciento.

Para tener una economía que crezca a tasas de 4.0 a 5.0 por ciento, la inversión debe crecer a tasas de al menos 7.0 a 8.0 por ciento anual en promedio.

¿Qué podría motivar el crecimiento más acelerado de la inversión?

Las reformas estructurales son sin duda un elemento positivo, pues podrían movilizar inversiones hacia sectores en los que no se recibían de manera suficiente, o liberar recursos, como en el caso de la energía, para que la inversión pública pueda ser mayor.

Pero hace falta más.

Se requieren mayores volúmenes de inversión pública productiva, para lo cual es ineludible una reingeniería del gasto público, para liberar recursos, sin subir tasas de impuestos y sin endeudarse más.

Y, sobre todo, se requiere alentar la inversión privada, como una política de Estado.

Una parte esencial es facilitar procesos para que el empresario, sobre todo el pequeño, no tenga que invertir la mitad de su tiempo y energía en enfrentar burocracia; además de contar con financiamiento apropiado.

Y, como telón de fondo, una cultura que reconozca el valor de crear riqueza.

Esto es algo de lo mucho que se concluyó en el seminario que organizamos ayer.

Seguiremos con el tema.

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