Opinión

Reserva estratégica, anticipándose a Trump

 
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ME. Reserva estratégica: anticipándose a Trump.

Es increíble que un país con el tamaño y la complejidad del nuestro tenga una red de almacenamiento de gasolinas sólo para dos días.

Los riesgos de este hecho son evidentes. Desde los más elementales, relacionados con posibles desastres naturales, hasta los que hoy pudieran parecer más distantes, como los de carácter geopolítico. Es obvio que es indispensable contar con una capacidad mucho mayor.

Simplemente imagine que llega a la Casa Blanca Donald Trump y decide presionar a México a través de la suspensión del suministro de gasolina.

Es inimaginable el desastre económico y social que ese hecho pudiera ocasionar si al tercer día los vehículos en el país quedaran sin combustible.

Es cierto que ya hay planes para aumentar la red de terminales de almacenamiento, pero no existe una política explícita para constituir reservas estratégicas y no sólo operativas.

Incluso, el propio gobierno planteó en 2014 esa política, que hoy parece olvidada.

Cuando se decidió –afortunadamente– no construir la nueva refinería de Tula, se anunció un proyecto para usar el terreno en el que iba a ser instalada esa planta, para construir una Terminal de Almacenamiento y Reparto (TAR), que almacenaría seis millones de barriles de gasolina y dos millones de barriles de diésel, lo que permitiría cubrir hasta 15 días de consumo de las zonas centro y centro-occidente.

No es lo idóneo, pero era un paso indispensable.

Sin embargo, el problema de fondo fue que en la Ley de Hidrocarburos derivada de la reforma energética no se estableció la obligación legal de la autoridad de diseñar una política de reservas estratégicas.

Y hay que tomar en cuenta que las reservas estratégicas son diferentes a las reservas operativas, ya que en el segundo caso se trata del almacenamiento requerido para el abasto regular mientras que en el primero se trata de un almacenamiento por encima de las necesidades de ese abasto, que por lo tanto requiere de una política específica.

Desde el 3 de diciembre de 2014 el secretario Pedro Joaquín Coldwell anunció el proyecto de Tula al que aludíamos, que implicaba en su conjunto un monto de un mil 280 millones de dólares, con una inversión de 354 millones de dólares en una primera fase.

El proyecto planteaba la posibilidad de que un consorcio privado, del cual Pemex pudiera formar parte en una proporción minoritaria, construyera y operara esa terminal.

Obviamente, se requeriría que la Sener y la CRE establecieran las reglas necesarias.

El problema es que pareciera que en medio de otras urgencias, el tema ha quedado en el olvido.

Apenas la semana pasada la CRE aprobó las tarifas de almacenamiento que Pemex Logística deberá cobrar a terceros que utilicen sus actuales terminales de almacenamiento.

Sin embargo, se requiere ir mucho más allá.

Tal vez el problema es que hasta hace poco tiempo el gobierno consideraba que la llegada de un personaje como Donald Trump a la Casa Blanca era poco menos que imposible.

Hoy es un escenario que no puede descartarse, en vista del éxito que ha obtenido Trump en las primarias republicanas. Así que es necesario que empecemos a explorar seriamente los riesgos que ello implica.

No digan luego que los problemas nos tomaron por sorpresa.

Twitter: @E_Q_

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