Opinión

¿Requiere México una nueva Constitución Federal?

Mauricio de Maria y Campos

Reiteradamente se ha planteado la necesidad de una nueva Constitución Federal para que nuestro país cuente con la plataforma de un nuevo desarrollo nacional más democrático, justo e incluyente, ajustado a las demandas de la sociedad del siglo XXI.

Consideraciones jurídicas, políticas, económicas, sociales y culturales se han puesto sobre la mesa de discusiones para justificar la necesidad de promover la convocatoria a un nuevo Congreso Constituyente.

Existe, por un lado, la percepción de algunos políticos de que las reformas constitucionales recientes han modernizado el andamiaje jurídico e institucional de México para permitirle un desarrollo moderno económico y social en la globalización con mayores libertades y un papel más eficaz de estado y mercado. Esta plataforma, complementada con buenas leyes reglamentarias pendientes debería conducirnos a avanzar hacia un México moderno.

En contraposición, un grupo importante de juristas, políticos y académicos argumentan que en las últimas tres décadas la Constitución mexicana ha sido motivo de excesivas reformas y se han incorporado textos cada vez más “parchados” que la han llevado a perder su esencia. Un número importante de negociaciones políticas han utilizado como campo de batalla la constitución, conduciendo a un texto cada vez más largo, confuso y a veces contradictorio.

A tres años de que se cumpla el Centenario de la Constitución, el Centro Tepoztlán Víctor Urquidi AC, importante foro de pensamiento estratégico nacional en su sesión-diálogo del mes de febrero convocó a examinar la conveniencia de un nuevo marco constitucional-y algunos dirían incluso institucional de gobierno-que garantice libertades democráticas; con igualdad de derechos y oportunidades económicas y sociales y condiciones que aseguren un gobierno eficaz con un rol más efectivo del estado y efectiva transparencia y rendición de cuentas.

Para conducir este diálogo se convocó a dos de nuestros más destacados constitucionalistas: Diego Valadés, ex-Procurador General de la República y Pedro Salazar, estrella ascendente de la nueva generación del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Las presentaciones, debate y conclusiones fueron muy refrescantes y creativos.

La actual Constitución mexicana ha sufrido más cambios que la mayor parte de las constituciones del mundo: 574 parches que la han llevado a perder su esencia. Queda menos del 10 % del texto original de 1917. Hasta 1977 las reformas fueron pocas. Pero a partir de ese año se hicieron cada vez más abundantes y detalladas. Se incluyeron preceptos que en otros países se establecen en leyes secundarias y reglamentos.

2º El texto actual es uno de los más largos del mundo. El sólo artículo 28 es más largo que la carta de los EEUU. Nuestra Constitución resulta casi ilegible.

Hoy día nuestra Constitución está llena de contradicciones, como consecuencia de que los partidos políticos han vertido en su texto mucho s de sus debates y su misma incapacidad de llegar a acuerdos congruentes. Por otro lado su texto mismo hace difícil aplicar un verdadero estado de derecho.

4º La Constitución ha dejado de ser una fuente de inspiración. En las últimas décadas ha sido pervertida en interés del capital y en contra de los derechos de los trabajadores y otros sectores de la sociedad civil.

5º El problema ha sido que, más allá de las fuerzas políticas, comenzaron a participar cada vez más en la discusión los factores reales de poder, sobre todo de la economía, que quieren mayores niveles de detalle.

En algunas reformas recientes parecería predominar un espíritu de contrato mercantil, más que de un contrato social. En la reciente reforma energética, se ejemplificó, se dieron cambios de última hora para atender presiones de empresas nacionales y extranjeras

¿Qué hacer?

La primera opción sería no hacer nada, considerando que si las cosas andan mal, pueden estar peor.

Si se decidiera hacer algo habría tres opciones:
a) Pactar una moratoria. No realizar modificaciones a la Constitución hasta 2017 para que haya mayor reflexión antes de cualquier nueva reforma.

b) Acordar un reordenamiento, refundiendo, sistematizando y rescribiendo el texto constitucional a través de un grupo especializado. Este camino se siguió con éxito en Suiza y Bélgica. ¿Sería posible en México?

c) Convocar a un nuevo constituyente. Esta fue la opción más deseable. Permitiría tener un ordenamiento acorde con los tiempos y un sistema más flexible como los de otros países; incluso establecer nuevas formas y estructuras de gobierno, como el parlamentario o semi-presidencialista.

Pero la viabilidad y conveniencia de esta opción se puso en duda. Las mejores constituciones son las que obedecen a la necesidad y posibilidad real de un nuevo pacto social más democrático, equitativo e incluyente. Las actuales condiciones de los partidos políticos y el contexto económico y social no son las más favorables.

*Director del IIDSES- IBERO y Presidente del Centro Tepoztlán AC.