Opinión

¿Repetirá AMLO
la historia?

 
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AMLO 2006 y ahora. (Especial)

Los partidarios de Andrés Manuel López Obrador deberían estar muy preocupados.

Asoma cada vez con más claridad el temperamento que hizo perder al entonces candidato del PRD en 2006 una elección que pudo haber ganado con holgura.

Van sólo algunos datos para la memoria.

En agosto de 2005, a poco menos de un año de la elección, López Obrador tenía una ventaja de 10 puntos frente a su contendiente más cercano, en ese entonces Santiago Creel. Aún en febrero de 2006, mantenía esa ventaja de 10 puntos ya frente a Felipe Calderón. Pero, en abril de ese año, a poco más de un par de meses de la elección iba ya ligeramente por debajo del candidato panista.

Uno de los factores que motivó la erosión de la ventaja de AMLO fue su actitud agresiva e intolerante que asustó a votantes de centro-izquierda, que se habían inclinado por él en los meses anteriores.

Viene a colación este recuento porque la actitud asumida por el presidente de Morena en el caso Tláhuac –como ocurrió previamente en el de Eva Cadena, y que quizás le impidió el triunfo en el Estado de México– puede costarle votos y hacerle perder el primer lugar en el que hoy marcha en la mayoría de las encuestas.

La más elemental racionalidad política hubiera recomendado una actitud de fuerte crítica a los responsables de que en Tláhuac proliferara el narcomenudeo y haber exigido una investigación, demandando que se castigara a cualquiera que fuera responsable de contubernio con el crimen organizado independientemente de su filiación partidista.

No le hubiera costado absolutamente nada y lo hubiera posicionado como político responsable.

En lugar de ello, criticó el viernes pasado a los que demandan investigar al delegado: “es un asunto que tiene como propósito manchar a Morena, porque están muy nerviosos por su crecimiento… quieren reeditar lo de la señora Eva (Cadena), están muy nerviosos los de la mafia del poder”.

Esas declaraciones de AMLO reciben aplausos de sus partidarios. Pero, para los electores indecisos, que eventualmente votarían por AMLO como opción para cambiar el sistema político, la estrategia no funcionará si al final se fincan responsabilidades a Rigoberto Salgado, pues quedará de manifiesto que AMLO tolera a corruptos o aun mafiosos en su entorno.

Como en el camino a las elecciones de 2006, a veces pareciera que el propio gobierno federal puede ser el mejor propagandista de AMLO.

Pero también hay algunos en el PRI, PAN y PRD, que ya aprendieron la lección del 2005-06 y saben que, orillando a AMLO a exhibirse, él sólo se desacredita con electores que no son sus partidarios incondicionales.

La prueba para verificar si el PRI aprendió las lecciones se mostrará en la Asamblea que tendrá lugar la segunda semana de agosto.

Si se abre la puerta a que los ciudadanos sin partido sean candidatos, incluso a la presidencia, mostrarán que todavía quizá puedan competir en 2018.

Si no es así, entonces le habrán puesto otro escalón al camino de AMLO a la presidencia, apostando a que habrá de tropezarse solo.

MANLIO
Del círculo muy cercano de Manlio Fabio Beltrones nos aclaran que él, en ningún momento, ha pretendido limitar la prerrogativa histórica del presidente de la República para determinar al candidato presidencial del PRI, como lo comentamos en este espacio el jueves. Vale la aclaración.

Twitter: @E_Q_

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