Opinión

Repensar-nos en economía

La crisis del 2007-08, que comenzó en Estados Unidos y que afectó, en mayor o menor medida, directa o indirectamente, a cada país del orbe y cuya recuperación ha sido lenta e insuficiente, ha llevado a la necesidad de replantear abiertamente el modelo de libre mercado impulsado desde los años setenta, no importando se sea detractor o apologista de éste. Aunado a ello el panorama de tensión política y bélica creciente en el orbe crea la imperiosa necesidad de repensar y repensarnos pues es evidente que Judt tiene razón, “algo va mal” y lamentablemente pareciera que son los fantasmas de la “gran guerra” y los genocidios los que rondan nuevamente a nuestras sociedades.

A nivel mundial el crecimiento económico no ha sido capaz de retomar las tasas de crecimiento de la “edad de oro del capitalismo” (1950-1970). Mucho menos en los países avanzados (particularmente en Estados Unidos y la Euro zona). Por el contrario, algunas de las economías “emergentes” (Argentina, China, Venezuela, Rusia) han alcanzado tasas que superiores a los dos dígitos aunque sólo para el período de 2000-2007 , es decir, el periodo pre-crisis que se caracterizó por fuertes movimientos especulativos. Posterior a ello, las tasas de crecimiento no mejoran los niveles de 1980-2000.

En resumen el escenario económico mundial contemporáneo está caracterizado por: tasas de crecimiento que no son suficientes para hacer frente a los problemas crecientes de desigualdad económica y social. Por el contrario, con una política económica que, implícita o explícitamente, deliberadamente o no, han contribuido a dicha desigualdad, por ejemplo, la última década ha sido de records de producción de alimentos y “paradójicamente” los de hambruna.

Estos escenarios de desigualdad creciente a nivel mundial son oro molido para ideologías racistas, fascistas y de grupos extremistas; en el “otro lado” una oligarquía que hace oídos sordos a los horrores que tales desigualdades pueden crear, incluso en términos de pérdidas humanas, y que está dispuesta a aliarse con quien sea con tal de no perder el poder económico y político que ha ganado, particularmente en los últimos treinta años.

Para evitar que estos fantasmas, conocidos no por las generaciones más jóvenes, pero sí por la humanidad, se materialicen, es necesario replantearnos y repensarnos desde todas las áreas del conocimiento: filosofía, historia, economía e incluso replantear temas como ética, desde las ciencias fácticas o no (llamadas ciencias sociales y exactas). Economía no es la excepción.

Los retos en la enseñanza económica podríamos dividirlos en dos conjuntos: los de aspecto general y los de aspecto particular. En el primer conjunto están: comprender para proponer alternativas al escenario económica actual, lo que implica en términos particulares: generar teorías con un mayor poder explicativo acorde a la realidad, el adecuado uso de técnicas matemáticas, la interacción con otras ciencias (fácticas y no fácticas) o disciplinas. Sin embargo, el reto más importante en economía es tener claro que las implicaciones de las formas de hacer frente a estos retos son siempre sociales.

En el año 2000, la carta abierta del movimiento pos-autista de economía exponía la necesidad de cambiar la forma de pensar economía basándose en cuatro razones: escapar del mundo imaginario, oponerse al uso incontrolado de las matemáticas, apoyar el pluralismo dentro de los enfoques de economía, hacer un llamado a los profesores a despertar antes de que sea demasiado tarde.

El abuso de los supuestos y no regresar de la abstracción ha creado en economía, escenarios irreales desprovistos. Sabato decía que “una ley aumenta su dominio al abarcar más hechos, al generalizarse, pero al generalizarse se hace más abstracta, porque lo concreto se pierde con lo particular”. Cabe aclarar que no se está criticando el proceso de abstracción sino que nunca se regresa de este, creando así mundos imaginarios.

Evitar el uso incontrolado de las matemáticas no implica, eliminar el uso de las matemáticas, sino evitar que estas se conviertan en sí mismas en un fin. Tampoco implica desdeñar apoyarse en técnicas como la econometría, el insumo-producto, análisis estructural u otras técnicas para un análisis teórico y empírico más puntual.

El pluralismo teórico no implica ser oportunista o bien acomodarse con la teoría según las circunstancias, para justificar fines que se tiene per se (lo cual ocurre frecuentemente en la política). Por el contrario, el pluralismo teórico consiste en, como menciona Ha Joon Chang, entender que no hay una teoría en ciencia alguna que pueda explicarlo todo, lo cual no implica hacer un burdo collage y comprender que hay más afinidades intelectuales de las que pensamos entre las teorías económicas, el razonamiento lógico que utilizan y sus conclusiones.

Por último, como profesores habrá que cuidar los tres puntos anteriores, dejando en la medida de lo posible los sesgos individuales como científicos, para con ello permitir que la pluralidad cree un diálogo en pos de la solución de los problemas y no dogmas.

Lo anterior no implica que perdamos rigor, precisión en el proceder científico. Pero no podemos convertir a la herramientas o técnicas en un fin per se. Se debe motivar el estudio de las diversas teorías económicas, apegadas a los contextos contemporáneos de cada generación de estudiantes sin dejar perder el enfoque histórico de las sociedades. En resumen comenzar una generación de científicos rigurosos, pero antes que esto de humanos.

Casi todas las políticas económicas se sustentan en una teoría. Si las teorías no son resultado de un análisis crítico, plural, histórico, y añadiría de incluso aplicando lo que Keynes denominado el sentido común, los resultados recogerán lo erróneo de sus postulados. Basta con revisar lo que la aplicación de la teoría del ajuste estructural provocó en el mundo en desarrollo para apreciar la importancia de Repensar la Economía. Malas teoría económicas arruinan a la sociedad, a la economía, a la política.

Catedrático de la Facultad de Economía – UNAM.

Correo:semerena@unam.mx