Opinión

Renovación institucional

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Resaltó la importancia de ese rubro en el PRI para extender las acciones gubernamentales a toda la población. (Cuartoscuro)

Frente al análisis que hemos presentado esta semana, tengo la impresión de que el marco institucional que tenemos ha llegado a su límite.

Durante casi todo el siglo pasado tuvimos un partido casi único, que sólo tenía la oposición del PAN (desde 1939) y de diversos grupos de izquierda que apenas fueron legalizados en 1977. Veinte años después, el PRI perdía el control de la Cámara de Diputados, y con ello terminaba el régimen de la Revolución. Veinte más, y ya nadie llega a 30 por ciento de los votos.

La caída en votación de los grandes partidos está siendo cosechada por los pequeños. Uno, el Verde, creación de Manuel Camacho, pero luego arrebatado por la familia González y ahora apéndice (creo que ya incómodo) del PRI. Otro, creación de Raúl Salinas, el PT, ha perdido el registro (al menos por el momento). Otro más, creación de Dante Delgado, exgobernador de Veracruz, que ha venido recogiendo liderazgos locales con éxito. Nueva Alianza, creación de Elba Esther Gordillo, hoy en reclusión. Otro más, Morena, muy dependiente del liderazgo de López Obrador. Y Encuentro Social, aparente conglomerado de grupos cristianos con organización priista. Como todos los demás.

El actual sistema de partidos es resultado del desmoronamiento del PRI en distintos grupos. La primera tajada, hacia 1986, que dio origen al PRD al sumarse a los distintos grupos de izquierda, bajo el liderazgo cardenista. A inicios de los noventa, se suman las creaciones salinistas; más adelante, Movimiento Ciudadano; poco después, Nueva Alianza; y ahora, Morena y Encuentro Social. Y luego hay quien se sorprende de que los ciudadanos digan que no hay opciones.

Este proceso parece haber llegado a su límite. En esta elección hubo cuatro distritos en donde el ganador no tuvo siquiera 20 por ciento de los votos, 94 ganados con menos de 30 por ciento. En el Distrito Federal 14 de las 16 delegaciones también se ganaron con menos del 30 por ciento del voto. No es improbable que el ganador(a) de la presidencia en 2018 lo haga con 25 por ciento o menos, con lo que tendrá menos de un tercio del Congreso consigo. Gobernar será muy difícil.

Antes de que eso ocurra, creo que hemos llegado al momento de tomar decisiones institucionales que favorezcan el proceso. Primero, si lo que la ciudadanía quiere son más opciones, abramos el camino a nuevos partidos y a candidatos independientes. Los obstáculos actuales ponen en riesgo la gobernabilidad. Segundo, volvamos a pensar el tema del financiamiento, y apliquemos la legislación contra lavado de dinero a la política, que es hoy terreno sin ley, plagado de movimientos en efectivo.

Tercero, desregulemos en lo posible. En el mercado político, como en cualquier otro, un exceso de regulación produce serias ineficiencias. Cuarto, avancemos hacia un modelo más parlamentario, que favorezca alianzas entre los múltiples grupos que hoy existen, y que muy posiblemente seguirán existiendo. Quinto, hay que hacer esto sin volver a cambiar al Consejo General del INE, que no puede estarse cambiando en cada elección.

En otras palabras, regresemos al camino que teníamos en 1996, desechando los excesos regulatorios y el mercado cerrado, y avancemos hacia un semipresidencialismo. Puede hacerse ahora, con tiempo y negociado, o puede hacerse después de la elección de 2018, a tapaderazos, que parece ser lo que nos gusta.

Twitter: @macariomx

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