Opinión

Relevante batalla legal entre Netflix y la familia Escobar por derechos de imagen

15 noviembre 2017 5:0
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Netflix

Si una particular situación puede representar con elocuencia la enorme influencia que los más perseguidos narcotraficantes tienen en nuestras sociedades, es la que se presenta en la disputa multimillonaria que la familia Escobar ha iniciado en contra de la productora de la conocida serie “Narcos”. La reclamación comprende no sólo la producción de la serie televisiva para “Netflix”, con contenido biográfico de Pablo Escobar, sino también el videojuego “Las guerras del cártel”, ambos producidos por Narcos Productions, LLC. La demanda interpuesta por Roberto de Jesús Escobar Gaviria, hermano del afamado narcotraficante, alcanza la extravagante cifra del billón de dólares.

La reclamación legal involucra una serie de marcas registradas que Escobar Gaviria tramita ante la oficina de marcas de Estados Unidos, para distinguir productos y servicios tan disímbolos como “lentes para sol”, “tatuajes”, “cigarrillos” y videojuegos. Sin embargo, el principal punto de debate en la postura de la familia Escobar es la violación de los derechos de imagen y de notas biográficas que la serie utiliza.

El primer elemento relevante que la contienda desvela es el de la persistente fascinación del público por la vida íntima de un criminal, que a lo largo de la historia del cine ha reiterado su taquillero atractivo.

Muchos son los personajes que en su condición de “enemigos públicos” han presentado un perfil explotable, pero de esos, no cabe la menor duda, “nuestro Chapo” y Pablo Escobar sin duda son los más destacados.

Este tipo de argumentación de los abogados de Escobar Gaviria no solo busca compensación económica y notoriedad. Es claramente un recurso de enorme utilidad para dar soporte social a la aceptación del delincuente, quitándole la carga de repudio que moralmente debería acompañarlo. Convertir a este tipo de personajes en “eso”, en “personajes” y en marca registrada, es una forma más de normalización de la violencia.

Del resto de la disputa será interesante esperar a conocer la determinación de los tribunales en Estados Unidos sobre los méritos de la demanda. Nada parece cuestionar que la biografía y la imagen de una persona sigan siendo una posesión protegida por derechos de propiedad intelectual, por más criminal que sea el origen de la fama que les da valor. En qué punto, el culto a la personalidad se convierte en apología del delito, es algo que el poder judicial deberá definir.

Trasladando el caso a nuestro país, debemos reconocer que estamos transitando por discusiones académicas y judiciales equivalentes, con marcas registradas por “El Chapo”, y documentales tan desafiantes como el de Kate del Castillo, transmitido también por Netflix. Aquí, lamentablemente, no parece que las dudas se vayan a disipar.

Correo: mjalife@jcip.mx

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