Opinión

Refrescos e impuestos,
¿dónde quedó la bolita?

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Refrescos. (Cuartoscuro/Archivo)

En el entretenido monólogo Novecento, Alessandro Baricco escribió una frase que decía “Salió en el diario, pero era verdad” (cito de memoria). Me acordé de eso ayer que en un mismo medio de comunicación presentaba dos notas contradictorias sobre refrescos y obesidad.

“De continuar la tendencia de reducción de consumo de bebidas azucaradas tras el impuesto, para 2030 habrá una disminución de 183 mil casos de obesidad, y 114 mil casos de sobrepeso, aseguró Tonatiuh Barrientos, investigador del Instituto Nacional de Salud Pública y experto en epidemiología”, publicó Reforma ayer en su página 2 de la sección Nacional.

La nota contextualizaba que según un estudio del INSP, por el impuesto a los refrescos había habido una reducción de hasta 12 por ciento (¡?) en el consumo. Agregaba otra cifra: 4.2 litros menos. (¡?)

Pero luego, en la sección de Negocios de Reforma.com me encontré con la nota titulada “Niegan impacto de impuesto sobre ingesta”, en la que se lee que “los resultados del estudio sobre el consumo de bebidas azucaradas presentado por el Instituto Nacional de Salud Pública no comprueba una relación proporcional entre la disminución del consumo de bebidas azucaradas y la ingesta calórica de la población estudiada”.

Eso, dice esa nota, según la Asociación Nacional de Productores de Refrescos y Aguas Carbonatadas, que agrega que el “estudio sólo toma en consideración a consumidores mexicanos en ciudades con más de 50 mil habitantes y deja a un lado a una importante subpoblación que vive en comunidades rurales, que representa el 25 por ciento del gasto en alimentos y bebidas”. Citando al ITAM, los refresqueros señalan que el impuesto habría reducido la ingesta en un margen “no significativo” de seis a diez calorías diarias. (¡?). Si nos atenemos a esas informaciones no tendremos claro si el impuesto al refresco (además de engordar las arcas de Hacienda) sirvió de algo.

Porque incluso si la primera nota fuera la correcta, ¿es consuelo saber que gracias a este impuesto en 2030 habría “sólo” 16.6 millones de diabéticos y no 17 millones que es lo que calcula el investigador que habría sin el impuesto?

Para poner todo lo anterior en el debido contexto, cabe citar algunas cosas que publicó Nexos en marzo de 2013 bajo el elocuente título de “Obesidad, la epidemia” (http://www.nexos.com.mx/?p=15211).

-Vivimos en “un ambiente 'obesogénico' en el que hay pocas oportunidades de gastar calorías”.

-Los mexicanos que tienen sobrepeso u obesidad son “71.3 por ciento (48.6 millones) de los adultos, 35 por ciento (6.3 millones) de los adolescentes y 34.4 por ciento (5.7 millones) de menores de entre cinco y 11 años”.

-“Se estima que la obesidad contribuye con 12.2 por ciento del total de muertes”.

-“El costo directo estimado de atención médica de las enfermedades atribuibles al sobrepeso y la obesidad se incrementó 61 por ciento en el periodo comprendido entre 2000 y 2008”.

-“El costo estimado para las enfermedades asociadas con la epidemia de sobrepeso y obesidad representó, en 2008, 33.2 por ciento del gasto público federal en servicios de salud”.

Un último apunte. Alguien con buena información me comentó que en el Instituto Nacional Electoral han detectado singulares intentos de falsificación de credenciales de elector. La pista surgió de los servicios de salud. Ahí, según esta versión, hay gente que no necesita tratamientos por insuficiencia renal (una de las probables y probadas consecuencias de la obesidad) que, mediante un coyote, estaría cediendo su sitio a gente no asegurada. Para eso necesitan los enfermos una identificación falsa.

Notas contradictorias aparte, a ver en dónde nos alcanza el futuro: discutiendo sobre obesidad o sobre Kate.

Twitter: @SalCamarena

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