Opinión

Reformas y “campanas al aire”

La semana pasada se promulgo la última de las reformas, al sector energético, con la cual se cierra el ciclo de las llamadas reformas estructurales, pasando por la laboral, la hacendaria, la financiera, la política, la de telecomunicaciones. Por ahora, solo queda pendiente la reforma al agro, que está próxima a presentarse la propuesta.

Sin embargo, es la reforma energética la que ha sido promovida como aquella que generará un nuevo ciclo de crecimiento económico para México e implícitamente desarrollo. Estos argumentos fueron esgrimidos por sus defensores. Sus detractores argumentaron que esta reforma pone en riesgo la soberanía energética y lo que se deriva de eso. El proceso de votación de la reforma así como de las leyes secundaria fue, grosso modo, no solo aprobado por amplia mayoría sino también, y muy importante, sin mayores sobresaltos políticos en las cámaras y fuera de ellas. La sociedad no intervino e implicitamente dio, por omisión o comisión, su voto aprobatorio. Sin embargo, hay muchas dudas que genera la aprobación de esta reforma, dudas que cabe señalar fueron precariamente mencionadas por los detractores de la reforma en las respectivas cámaras.

Los promotores de la reforma energética argumentaron que el modelo del sector energético, en manos de un monopolio estatal, era ya obsoleto. Citaron experiencias como la de Noruega, Brasil e incluso Venezuela como ejemplo de casos de éxito donde el sector energético tenía participación privada. Aunado a ello se desplegó una campaña enorme de los beneficios que “traerá” consigo la reforma energética. Por ejemplo, se ha mencionado que con la reforma vendrán raudales de inversión extranjera, particularmente al sector petrolero incrementando así las exportaciones e ingresos petroleros de México. Lo anterior, se menciona, generará empleos (en algún momento se mencionó la cifra de 500 mil) y aumentará la productividad del sistema industrial, al disminuir las tarifas eléctricas, generando así un nuevo círculo virtuoso para la economía mexicana.

Sin embargo todo este círculo virtuoso que se anuncia pende de hilos realmente endebles y al igual que sus argumentos. Primero, el criticar un mercado monopólico como el energético, es ambiguo ya que a nivel mundial este mercado no es otra cosa que un oligopolio, de tal suerte, que desaparece un monopolio para dar paso a un mercado monopólico que, per se, tiene severas restricciones a la entrada por los altos niveles de volumen de inversión que requiere, sin mencionar, las barreras políticas. Lo anterior no implica que el sector petrolero mexicano no necesitara de una reforma.

Ahora bien una vez aprobada la reforma, petroleras de todo el mundo han señalado el alto interés de invertir en México. Por ejemplo, compañías chinas han anunciado la disposición de invertir al menos 30 mil millones de dólares, lo cual, de materializarse, es cierto, aumentará la Inversión extranjera directa. Pero es aquí donde empiezan las complicaciones para la estructura del sistema industrial mexicano que se caracteriza por una alta heterogeneidad. Primero el sector petrolero está conectado al mercado mundial, por ende, no tiene la necesidad de economía interna articulada de tal suerte creer que la reforma energética cohesionara el sistema productivo nacional es difícil de creer.

Después, si bien se han creado programas para la generación de recursos humanos destinados a la nueva demanda de mano de obra calificada que se tendrá en el sector energético, se requiere también capital fijo, es decir, herramientas y equipos, la cuales es casi un hecho que se tengan que importar, desvaneciendo mediante la presión que generan las importaciones el efecto de la IED. Hace tiempo que México que desmanteló, en mucho, su sector industrial proveedor de máquinas-herramienta.

En términos generales se está apostando a que si bien al compartir los ingresos petroleros con el sector privado, se pierde cierto porcentaje de ellos, empero, se recupera en términos absolutos al incrementarse la cantidad producida. Ello, se afirma, permitirá dar sostenibilidad al Fondo Mexicano del petróleo que servirá, como hasta ahora, a menos que sus ingresos rebasen el 4.5 %, para fondear las finanzas públicas. Varias opiniones han señalado la poca viabilidad que dicho fondo puede tener.

De tal suerte que no es muy claro el camino que el círculo virtuoso anunciado tomará y de que forma la reforma energética creará toda la panacea de encadenamientos económicos anunciados, con lo cual se logre un crecimiento sostenible y desarrollo. A su vez, las dificultades ya planteadas no toman en cuenta la viabilidad o inviabilidad que la nueva reforma representa a largo plazo para el aprovechamiento sostenible y la autosuficiencia energética. Sin duda el cambio de paradigma de producción energética en México deja muchos cuestionamientos en el aire.

Los senadores y diputados aprobaron leyes para cambiar la estategia para usar los recursos energéticos de México, que habrán de cambiar la modalidad del desarrollo económico de México. La sociedad sancionó tal decisión, en afirmativo, con su silencio. No habrá marcha atrás a pesar de las expectativas de algunos de poder realizar una consulta, y ganarla, en el 2015. Palo dado, ni la consulta lo quitará.

Las promesas ofrecidas se cumplirán en parte pero, para el beneficio no de todos. Como siempre de los que tienen recursos económicos, influencias políticas, capacidad de compra de voluntades.

Hoy las campanas vuelan y suenan. Solo pocos saben que el festejo es para ellos. Los demás lo sueñan, pero los sueños pocas veces se cumplen.

Catedrático de la Facultad de Economía – UNAM.

Correo:semerena@unam.mx