Opinión

Reformas, prueba superada; crecimiento dinámico, el reto

El reto de consolidar en este año, vía legislación reglamentaria, las reformas constitucionales aprobadas en 2013, fue superado.

La aprobación en el Senado de la República y la Cámara de Diputados –en un periodo extraordinario– de las leyes secundarias de la reforma en materia de energía completó un ciclo de cambios estructurales de segunda generación.

Con su promulgación por parte del presidente Enrique Peña, no sólo concluyó el proceso legislativo, sino que se consumó la apertura de los sectores petrolero, gas y eléctrico al sector privado.

La reforma es clave para incrementar sustancialmente la producción de petróleo del país en los próximos años y generar energía eléctrica con menores costos y combustibles menos contaminantes como el gas natural.

Es la cuarta legislación secundaria que concluyó su proceso legal de las reformas constitucionales aprobadas el año anterior, después de las relativas a educación, competencia económica y telecomunicaciones, que ya están vigentes.

La Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, que fue promulgada el 14 de julio, hoy entra en vigor.

Esta ley fue emitida cuando ya arrastraba un retraso de siete meses, pues el plazo en que debió ser expedida era el 9 de diciembre, de acuerdo con la reforma constitucional.

Ésta dota al Estado mexicano y al regulador –el Instituto Federal de Telecomunicaciones– de mayores capacidades para fomentar la competencia en los sectores de telecomunicaciones y radiodifusión para que los consumidores tengamos acceso a servicios de mayor calidad y a mejores precios.

El 7 de julio entró en vigor la nueva Ley Federal de Competencia Económica, que fortalece el marco regulatorio en la materia y cuya apuesta es la de tener mercados y sectores competitivos en beneficio de los consumidores.

Sobre la reforma educativa, cuya tarea es asegurar calidad en la educación, las modificaciones al artículo 3° constitucional y sus respectivas leyes secundarias están vigentes desde septiembre pasado.

Pero la “joya de la corona” es la reforma energética, pues en caso de que su legislación reglamentaria se aplique adecuadamente podría sumar entre tres y cinco puntos al crecimiento del PIB en tres años después de 2016, según el equipo de análisis económico de Banorte Ixe.

La correcta ejecución de las reformas, incluidas la laboral y la financiera, que no requirieron modificaciones constitucionales, hará la diferencia entre crecer 2.5 por ciento en este año –según el pronóstico de la publicación LatinFocus Consensus Forecast de agosto– y 5.0 por ciento o más hacia finales de la década.

El crecimiento promedio de la economía mexicana en los últimos diez años fue de 2.6 por ciento, muy bajo para los estándares de los mercados emergentes.

De todas las reformas aprobadas, la energética es la que, sin duda, tendrá mayor impacto sobre el crecimiento económico de México en el largo plazo.

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