Opinión

Reformas: el reto de persuadir

 
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petróleo

La reforma energética mexicana ha sido más valorada en el exterior que en el propio país, nos dijo el secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell.

Y, por lo menos, aquí en la Riviera Maya, en la reunión del Foro Económico Mundial, los funcionarios públicos del sector energético que acudieron no descansan. Citas y citas con empresarios, sobre todo extranjeros, son una medida del interés que existe en la reforma mexicana.

Sin embargo, el propio secretario Coldwell fue muy claro: la hora de la verdad llegará cuando se realicen las subastas dentro de las dos licitaciones de la Ronda 1 que ya están en curso, y de la tercera que va a anunciarse el martes próximo.

No será sorpresa que las inversiones que se anuncien al final sean de miles de millones de dólares. El secretario sostiene su estimación de una inversión de 62 mil millones de dólares en el sector en el curso de cinco años.

La cifra es más que alcanzable cuando se piensa en que además de las inversiones en exploración y extracción petrolera, también van al sector eléctrico, a la petroquímica y a la crucial creación de la infraestructura de ductos que se requiere en el país.

El impacto de largo plazo que tiene la industria energética se aprecia en casos como el del gasoducto Cactus-Reynosa, que fue uno de los temas de gran polémica en la década de los 70 del siglo XX.

Al final de cuentas, su existencia fue una de las palancas para el crecimiento industrial de Monterrey y algunas otras zonas en los últimos 30 años, aunque el ducto no se haya usado para exportar gas, como se planeó.

Muchas de las inversiones del sector energético van a tener impacto en la economía quizá dentro de diez a 20 años. Ese es el ciclo que tiene esta industria y por eso la trascendencia de esta reforma.

Sume a las implicaciones de la reforma energética el efecto del crecimiento de las inversiones en diversos sectores de las manufacturas, como el del automóvil, la industria aeroespacial o las tecnologías de la información, y encontrará uno de los cambios más profundos en la estructura productiva del país en décadas.

Lo complicado del caso es que no es sencillo decir que, como todos los cambios profundos, quizá no se aprecie de inmediato sino al paso de los años.

Hemos tenido una etapa tan larga de bajo crecimiento que es totalmente explicable la impaciencia que muestran algunos y que quisieran los resultados ahora.

Es algo parecido al tema de la corrupción: es tan generalizada y de tal magnitud, que quisiéramos que se acabara de inmediato. O incluso algo como la inseguridad.

Uno de los retos más importantes que tiene esta administración, y que se aprecia en toda su dimensión en reuniones como la que se tiene ahora en la Riviera Maya, es la persuasión.

¿Cómo lograr que no sólo los inversionistas sino el grueso de la población perciban la profundidad y trascendencia de estos cambios?
Es todo un reto para el gobierno y para quienes pensamos que estos cambios son positivos para el país.

Twitter: @E_Q_

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