Opinión

Reforma para el campo:
la culpa es de los campesinos…

Isabel Cruz

Nunca llegó un desarrollo amplio e incluyente para el campo, ni aún con los repartos agrarios posteriores a la revolución agraria de 1910. Ahora se anuncia la reforma rural con un claro objetivo de despojo masivo a los derechos agrarios. “Seguridad jurídica” le llaman los empresarios agrícolas (CNA). Peor aún, se culpa a los campesinos pobres y su pequeña propiedad del atraso sectorial de México. Imposible hacer competitiva una agricultura con predios menos a 5 hectáreas, declara el secretario de Agricultura y une su voz a la del Consejo Nacional Agropecuario y principales agro-empresas nacionales y trasnacionales que demandan seguridad para sus inversiones y poner a México “al día de los desarrollos internacionales” (El Universal, enero, 2014). En síntesis, la culpa no es de malas política agrícolas del gobierno; la culpa es de los campesinos.

Falso, los datos muestran que a pesar del abandono gubernamental a la pequeña agricultura: soporta 6 de cada 10 empleos contratados en la agricultura, 39 por ciento de la producción de granos básicos (7 de cada 10 son los productores), toda la agroindustria existente se provee de pequeña agricultura en sólo el 16 por ciento de la superficie y casi sin apoyos productivos.

La reforma al campo fue puesta en la mesa por el presidente Peña Nieto el 6 de enero durante un evento de la priista Central Nacional Campesina, luego de los reclamos y protestas campesinas por la exclusión del campo en las reformas estructurales de 2014, caso particular de exclusión fue la reforma financiera, donde las garantías no convencionales son ignoradas y reforzado el enfoque de garantías comerciales para acceso al crédito.

Como escenario de fondo al anuncio de los innumerables conflictos de comunidades agrarias con las mineras y empresas de energía se extienden por todo el país: Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Morelos, Michoacán, SLP-Zacatecas, Sonora, Coahuila, por sólo mencionar los casos más sonados. El gobierno ha otorgado concesiones a empresas trasnacionales de territorios -incluso sagrados de los pueblos originarios- sin consulta. En dos años se ha extraído más mineral del subsuelo mexicano que en todo el periodo de la colonia española. La seguridad jurídica que reclaman es el uso directo, sin cortapisas, ni molestos derechos a respetar del territorio nacional. A pesar del abuso de las empresas y el solapamiento gubernamental, hoy los conflictos se dirimen con la Ley del lado de las comunidades. Con la “reforma al campo” que se anuncia, muy probablemente la ley estará del lado de las empresas. Con la reforma energética la incursión de empresas petroleras encontrará molestos obstáculo en nuestras leyes agrarias y en los derechos de pueblos y comunidades originarios.

Para la agricultura familiar o agricultura campesina mayoritaria en el país, con 5.5 millones de unidades de producción rural y 80 por ciento de predios menores a 5 hectáreas nunca llegó la tecnología, ni el crédito, ni los subsidios estructurales en infraestructura de riego -como en el noreste y otras regiones-, menos los subsidios para precios, mercados de futuros y tasas de interés subsidiadas. Los apoyos públicos con enfoque productivo han sido selectivos y mediados por las prioridades políticas, con una combinación de dádiva paternalista y de cobro en especie (votos). Entre 1989 y 2013 la prioridad del gasto en agricultura fue de desarrollo económico a los grandes agricultores (apoyos a la comercialización, subsidio a precios, tasas de interés, seguro agrícola) y subsidios asistencialistas para los pobres y pequeños agricultores (oportunidades, procampo). Una estrategia para diezmar y erosionar el desarrollo económico de esa pequeña agricultura a la que hoy se critica, cuando nunca hubo una política nacional para su desarrollo.

Nadie duda que una reforma al campo del ejecutivo tendrá votos asegurados de legisladores del PRI y del PAN, y tendrá velocidad de relámpago como la energética. ¿Es ético, moralmente aceptable tanto abuso e injusticia en nuestro país? La contrarreforma al campo entrará con una amplia campaña publicitaria: La culpa la tienen los campesinos.