Opinión

Reforma energética, impulso al crecimiento económico

Nelly Molina Peralta*
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electricidad

De las grandes reformas estructurales logradas en esta administración, destaca de manera importante la reforma energética, al representar un impulso significativo para la actividad económica del país.

Dicha reforma constitucional, aprobada en 2013 y cuya legislación secundaria fue votada en julio y agosto de 2014, constituye la plataforma de una de las transformaciones más profundas para México en las últimas décadas.

Se derrumbaron mitos y prejuicios que impedían que el sector energético, en sus dos facetas, petróleo y electricidad, se modernizara y contribuyera al desarrollo nacional.

Hoy en día atestiguamos la construcción de un nuevo modelo energético que da cabida al sector privado y a su capital en complemento con la rectoría estatal.

Como lo indicó el IMEF en su más reciente ponencia 'Reformas: invertir y trabajar para cosechar', la construcción del nuevo modelo energético no es tarea sencilla. Su éxito radica en lograr dos cosas: primero, usar principios generales que armonicen al sector con la orientación abierta y competitiva de la economía mexicana en su conjunto a fin de aumentar sinergias.

Segundo, generar equilibrios claros y bien balanceados entre principios esenciales, pero que a veces representan contrapuntos. De lograr estos pesos y contrapesos de manera clara y eficiente, podemos tener confianza en que la reforma energética dará los frutos que se esperan y contaremos con instituciones confiables, además de la derrama económica que tanto requerimos.

Con lo anterior queremos apuntar que para el IMEF nuestro país todavía tiene oportunidades de crecimiento económico para la segunda mitad del sexenio, y la reforma energética será determinante.

Hoy las expectativas de crecimiento han bajado, la última encuesta del IMEF estima un PIB para 2015 en 2.3 por ciento, a diferencia del 2.5 por ciento estimado en agosto pasado. Y si bien estas cifras se revisan mensualmente, no bajamos la guardia y confiamos en que la segunda mitad de la administración federal tiene oportunidades de apuntalar el crecimiento.

Recordemos que después de 75 años, México se abre a la inversión privada en materia energética. El 15 de julio pasado se llevó a cabo la primera licitación de la ronda uno y si bien los resultados no fueron los esperados, el proceso aún no concluye: habrá por lo menos cuatro licitaciones más que ofrecerán 131 bloques adicionales, es decir, los 14 primeros bloques sólo representan 10 por ciento de la oferta de la ronda uno. Más aún, se licitarán 769 bloques más en tres rondas extras durante los próximos cinco años. Sin duda alguna, fue un proceso que nos dejó un gran aprendizaje, sujeto a adaptaciones y mejoras.

Para que las licitaciones posteriores logren mayor participación, tendrá que haber ajustes, pero cabe hacer notar que la primera licitación fue una prueba para varias compañías que se inscribieron simplemente para conocer el proceso en un país en el que la mayoría nunca ha invertido.

Ojalá que cuando lleguemos a las rondas más relevantes: aguas profundas y crudos pesados, ya hayamos aprendido las lecciones, valorando en la justa medida nuestros recursos y atrayendo la inversión extranjera directa que se requiere para dar un nuevo impulso de crecimiento al país.

El IMEF seguirá alentando estas acciones, pues considera necesario construir un amplio consenso alrededor del nuevo modelo para lograr un sector energético moderno, eficiente y productivo.

La autora es presidenta nacional del IMEF.

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