Opinión

Reestructura financiera ante la volatilidad

 
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ME Peso, pendientes

Por Alejandro González Alemán.

El autor es miembro del Comité Técnico de Finanzas Corporativas del IMEF Grupo Guadalajara.


El mundo está viviendo una época de grandes cambios a nivel social, político, económico y ambiental. Todos estos devenires han afectado a México, mostrándonos en días recientes un tremendo aumento en el tipo de cambio y en consecuencia, un alza en tasas de interés. Se percibe como natural que dichas condiciones se reflejen en los precios al consumidor a manera de inflación. Es por esto que al interior del IMEF es importante señalar la necesidad de que las empresas no pueden quedarse cruzadas de brazos si desean sortear con éxito este periodo de volatilidad.

Por tal razón, el IMEF recomienda una reestructuración financiera de las empresas. Una reestructura financiera consiste en replantear y reacomodar los recursos, para que los cambios no impacten de manera grave a la liquidez, solvencia y valor de la compañía. Por lo regular se asocia a la reestructura financiera con la reestructura de deuda; sin embargo debe ir más allá.

Replantear la deuda de una empresa no servirá de mucho si no se modifican también los activos. Para cambiar las condiciones de crédito debe tenerse un objetivo claro: ¿Qué quiero lograr? Debemos asegurarnos de que el impacto de la reestructura se refleje en el corto plazo en la operación, rentabilidad y crecimiento de la empresa; no sólo en su cuenta bancaria. Se debe mantener y aumentar el valor de la empresa, evitando “encandilarnos” por las mejores condiciones de liquidez que una reestructura ofrece.

Al entrar en un proceso de reestructura financiera, es crucial tener un plan claramente identificado. Éste debe contar con objetivos de corto y mediano plazo, tiempos de ejecución, responsables y métricos que permitan controlar y reaccionar rápidamente ante los posibles desvíos que se generen. Por esta razón, la generación de un plan de reestructuración requiere de capital humano experto en análisis financiero y en negocios. Es altamente recomendable acudir a un asesor que pueda auxiliar a la empresa en el proceso.

Un plan de reestructuración financiera puede incluir acciones como venta de activos, identificación de la capacidad de endeudamiento, recuperación de cuentas por cobrar, coberturas cambiarias o de tasas de interés; renegociación de las condiciones de créditos bancarios y no bancarios; planes de austeridad temporal, replanteamiento del portafolio de productos y del plan comercial; venta de unidades de negocio e incluso en casos muy graves, recortes de personal. Todas estas acciones pueden ser dolorosas para la compañía y es importante estar consciente de ello.

Al interior del IMEF se señala que una vez diseñado, evaluado y aprobado el plan de reestructura, deberá procederse a su ejecución. En esta parte del proceso es indispensable identificar la capacidad, conocimientos y actitud del capital humano de la empresa. La selección de personal que se involucrará en el proceso es una actividad decisiva para el éxito del mismo. En ocasiones, una reestructura financiera conlleva una reestructura en el organigrama, e incluso en el gobierno corporativo de la empresa.

Para el IMEF, elaborar y ejecutar correctamente una reestructura financiera puede ser la diferencia entre la supervivencia o muerte de una compañía en tiempos de volatilidad. La gran ventaja de estos procesos es que sus beneficios impactan en el largo plazo, permitiendo a los dueños tener empresas más fuertes, más rentables, con mejor crecimiento y resistentes a futuras crisis. Si su empresa se encuentra pasando por situaciones complicadas, lo recomendable es considerar una reestructura financiera.

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