Opinión

Redirigir la política hacendaria

Luis Foncerrada*

Crecer al 2.7 o al 3.0 por ciento este año es casi irrelevante. Después de haber crecido un punto porcentual en el 2013, la tasa promedio para los dos primeros años de esta administración será menor a 2 por ciento. Inferior al promedio de los últimos 32 años, desde 1982, que se redujo la inversión pública y se inició la destrucción del poder adquisitivo del salario. Recordemos que el punto más alto del poder adquisitivo del salario fue en octubre de 1976, y para diciembre del año 2000 había tenido una reducción de 76 por ciento. Quien podía comprar 4 tortillas en 1976 sólo adquiriría una en el 2000. El mercado interno se redujo brutalmente y la pobreza y la criminalidad, sin duda, se exacerbaron. Lo más grave es que las tasas de crecimiento para el resto del sexenio pueden ser igual de raquíticas a menos que de verdad se instalen los elementos para crear empleo.

El empleo es la variable crítica, no hay más secreto ni más ciencia. O crecemos por un mercado interno pujante o no crecemos. Seguimos exportando importaciones y eso no aporta beneficios significativos a la economía; el incremento de nuestro contenido nacional en las exportaciones ha sido muy lento y lo seguirá siendo sin medidas más contundentes, fundamentalmente fiscales. La inversión extranjera ayuda pero es insuficiente.

Los números de afiliación en el IMSS son un indicador parcial de lo que sucede con nuestro empleo, ya que mide la afiliación por algunos nuevos empleos, sí, pero también la de aquellos que ya existían y ahora se afilian. El empleo que registra INEGI es la cifra que nos interesa. Esta cifra registra un desempleo de casi 5 por ciento y una de subempleo de 8.4 por ciento que no es más que otra forma de desempleo. Sin eufemismos, tenemos más de 13 por ciento de desempleo en nuestra economía y con la válvula de escape a Estados Unidos prácticamente cerrada.

Es casi imposible que los salarios se recuperen con una masa de trabajadores creciente, trabajando por el salario que se consiga. Los salarios claramente se presionan a la baja. Si vemos lo que ha pasado en los últimos seis años en la estructura de la masa salarial -esto es la suma total de salarios y sueldos en nuestra economía-, nos encontramos con un cambio alarmante: hay una pérdida neta de más de dos millones de empleos que tenían ingresos superiores a tres salarios mínimos y en cambio los nuevos empleos son de ingresos inferiores a tres salarios mínimos. Y este fenómeno no puede ser asociado significativamente a la “programación fiscal” de las empresas; la mayoría de estos trabajadores están en la informalidad.

Con la gran masa de desempleo real en nuestra economía no habrá incremento real en los salarios ni tendremos un mercado interno pujante. Más bien nuestro mercado interno crecerá lentamente, extremadamente frágil y vulnerable.

Ningún gobierno en el mundo, ni en la historia, crea empleos productivos, esta es una tarea que pertenece a la búsqueda de productividad y de rentabilidad. Es una tarea de la inversión privada.
La única solución para generar más empleo productivo y formal, y que esto a su vez permita y logre un incremento del salario real, es una gran inversión para generar empleos productivos.

La variable para lograr justicia social, bienestar, no nos equivoquemos, es la inversión, pero esta no se da sin estar complementada por inversión pública, perfectamente acordada con los requerimientos de los sectores productivos, ahí se sabe qué se requiere.

Las reformas económicas ayudarán, sin duda, a eliminar obstáculos a la inversión, pero serán absolutamente insuficientes para llevar a cabo un cambio real, verdaderamente estructural en la economía mexicana si no hay otras medidas. No hay aún certeza jurídica ni reglas de juego bien establecidas y estables, continua la enorme y creciente corrupción y la política fiscal no ayuda.

La gran tarea pendiente de esta administración, que no tenía que ser excluida por las reformas, de hecho debió ser simultánea, es propiciar la creación de empleo sobre cualquier otro objetivo. Sólo mayores niveles de empleo permitirán incrementar los salarios y el consumo. Y sólo la inversión creará ese empleo.

La gran tarea pendiente, y después de que ya transcurrió un cuarto del sexenio, sigue siendo promover una inversión que genere empleo y mejores salarios, una política de fomento real a la creación de empleo y a la inversión en todas las actividades productivas. Sin inversión no hay empleo y hoy se castiga a la inversión.

El principal instrumento que tiene el gobierno para esta creación de empleo es la política hacendaria: una política tributaria y un presupuesto dirigidos a crecer, no al asistencialismo electoral, sino a crecer: a generar inversión privada y empleo.

Hay que redirigir la reforma hacendaria, hay que reformarla con una sola dirección: empleo y la inversión que lo genera. Aún no es tarde.

*Director General del CEESP

Twitter: @foncerrada