Opinión

Redadas

    
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Migrantes

Iniciaron la semana pasada en por lo menos seis ciudades estadounidenses: Los Angeles, Nueva York, Chicago, Atlanta y San Antonio. Varias de éstas, por los menos las tres primeras y más grandes, fueron consideradas Ciudades Santuario por sus propios alcaldes y por organizaciones de inmigrantes.

El gobierno del presidente Trump envía una señal clara e inequívoca especialmente a aquellos –como el alcalde Di Blasio en Nueva York– que lo desafiaron y le rechazaron sus acciones persecutorias. “Lo prometí en campaña, y lo cumpliré”, dijo Trump en uno de sus célebres tuits.

Hace años que en Estados Unidos no había redadas contra indocumentados. A finales del gobierno de Bush en 2007, se realizaban regularmente en empresas y plantaciones de diferentes estados para detectar y arrestar a trabajadores sin papeles, iniciar procesos de deportación, en algunos casos express –significa que en unas 24 horas el detenido está fuera de territorio americano– y por último aplicar severas multas a los empleadores, uno de los principales objetivos de la medida. Sin embargo no había redadas abiertas en ciudades cosmopolitas, multiculturales y multilingüísticas.

Hasta ahora, las redadas han estado dirigidas a ciudadanos con antecedentes judiciales, personas que fueron procesadas por diferentes delitos: homicidio, abuso sexual, tráfico de drogas, desórdenes públicos, posesión ilegal de armas, conducción de vehículos en estado de embriaguez, entre otros.

Es decir, son personas que libraron condenas, o que no fueron consignadas, pero que tienen antecedentes. Según el Departamento de Seguridad Interna (Homeland Security) un total de 680 personas fueron deportadas durante el fin de semana. No sabemos aún cuántos de ellos fueron de origen mexicano.

La lógica de Trump –si acaso existe– o por lo menos la que publica la Casa Blanca y el propio Departamento de Seguridad Interna, es la de elevar los niveles de seguridad en las calles de ciudades de Norteamérica.

Si evaluamos las tres semanas del personaje en la Casa Blanca, ha puesto en marcha casi la mitad de las acciones que prometió durante su campaña. Se equivocan quienes consideran que sería otro como presidente. No sólo es el mismo, sino que es gravemente más peligroso, porque tiene el poder y sustenta sus decisiones en falsedades. Mintió respecto al índice de asesinatos en Estados Unidos (Trump dijo 48 por ciento, el FBI 5.0 por ciento). Un grupo de representantes republicanos está seriamente preocupado por la salud mental del presidente, “porque miente mucho, dice muchas mentiras”, dijo un representante demócrata en Face the Nation.

Las redadas reproducen mecanismos fascistas previos a la Segunda Guerra Mundial en Europa, a métodos de limpieza racial en África o en los Balcanes, en los años 90. Perseguir a personas por sus diferencias raciales, lingüísticas, religiosas o étnicas no sólo representa una violación a los derechos humanos universales, también a la Constitución de los Estados Unidos. A nadie en el gobierno de Trump parece preocuparle esas minucias jurídicas y políticas.

La supremacía blanca cercana al nuevo presidente está feliz con la puesta en marcha de medidas como las redadas y deportación masiva. Es sólo el principio de una administración convencida de 'recuperar su país' de manos de otras minorías, razas y grupos culturales.

En la conferencia de ayer ofrecida por Trump y Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, se comprueba que el problema no es el libre comercio, el problema es México y la 'injusticia', dice Trump, con la que nos hemos aprovechado de su país.

Surgen todos los días evidencias claras de que nuestro gobierno no ha encontrado los caminos, el lenguaje, las posturas para hacer frente a esta andanada de agravios, ofensas y rechazos. Ha llegado el momento de cerrar acuerdos con China, fortalecer nuestra relación con India, sintonizar posiciones con Argentina, Brasil, Chile y toda América Latina. Buscar aliados en Europa. Claramente no enviamos a ninguna delegación a Canadá a buscar respaldo, apoyo, diálogo con ese gobierno en el marco de un acuerdo tripartita.

El tiempo avanza, como lo hace el gobierno de Trump al hacer realidad muchas de sus promesas. No tenemos mucho margen y no se ven acciones convincentes.

Twitter: @LKourchenko

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