Opinión

Recuento histórico de la década trágica 2010-20

CIUDAD CAPITAL, 16 de septiembre de 2020.- La pesadilla no empezó en 2010 cuando se celebraba el bicentenario y centenario de la Independencia y la Revolución mexicanas. Aunque durante los primeros años de la administración peñista se buscó culpar a Felipe Calderón de ser el presidente que precipitó aquellos eventos que serían la antesala de la llamada “década trágica” de México. Los historiadores señalan que el inicio de la década trágica fue en 2010, pero los académicos lo atribuyen a la negligencia en enfrentar el crimen organizado, fortalecer las instituciones judiciales y rehusar combatir la corrupción por presidentes antes y después de 2010, lo que se tradujo en barbarie y una profunda crisis económica.

Lo que más se le criticó a los presidentes fue no reconocer la realidad del país y, sobre todo, la falta de capacidad y de liderazgo por parte de la clase política ante la crisis. Estos señalamientos fueron hechos vehementemente por los críticos de Enrique Peña Nieto durante los años críticos de 2012 al 2015 cuando todavía había posibilidades de detener la espiral de violencia y de ingobernabilidad de los años posteriores.

La mayoría de los historiadores han señalado que en el caso del presidente Peña Nieto, también la debilidad de su equipo y los casos de corrupción debilitaron aún más la capacidad de la Presidencia para tomar las decisiones críticas que se requerían para detener, o por lo menos mitigar, lo que sucedería en años posteriores: no sólo se vivió una situación de Estado de sitio en por lo menos 50 por ciento del territorio nacional, sino que para la mayoría de los mexicanos se volvió imposible transitar por las carreteras del país –básicamente imposibilitando el movimiento de mercancía y bienes–. Hubo dos años (2015 y 2016) en que ciudades y pueblos en varios estados vivieron una profunda escasez de comida, gasolina y otros enseres esenciales para la población. Fue necesario que el Ejército y la Marina llevaran víveres a estos pobladores. También durante esta década trágica los ataques a la infraestructura crítica de México, incluyendo los sistemas eléctrico, petrolero y aeroportuario, fueron sistemáticos, retrasando por décadas el desarrollo del país, particularmente en el área rural.

Pero lo que más se va a recordar de esta década trágica es la violencia que sufrió la población. Ante la capacidad bélica de los grupos del crimen organizado y grupos armados (paramilitares y guerrilleros), aumentó la confrontación violenta contra parte del gobierno, los migrantes del sur y la sociedad. El resultado: la población civil fue la carne de cañón de esta guerra. En la última década hubo a diario explosiones de carros bombas, lanzamiento de granadas, ataque de comandos armados en lugares públicos como cines, restaurantes y centros comerciales. Y ni que decir del incremento de 100 por ciento en secuestros y extorsiones. Como era de esperarse, también la violencia gubernamental y las violaciones de derechos humanos en contra de la población se incrementaron.

¿Cómo pudo suceder que un país como México, con tantas ventajas geográficas y una de las economías más importantes del mundo a principios de este siglo, se convirtiera en un Estado fallido y uno de los países más violentos del mundo?

La responsabilidad de la década trágica no es sólo de los gobernantes. Todavía los historiadores y sociólogos no han podido explicar la “ceguera e irresponsabilidad sistemática” de casi la mayoría de los actores políticos y sociales durante ese lapso. Algunos describen este fenómeno como un intento de suicidio colectivo de la rama legislativa y judicial, junto con los partidos, además de la clase empresarial, la iglesia, sindicatos y la sociedad civil.

Y hoy, el 16 de septiembre de 2020, al celebrar los 210 años del inicio de la guerra de Independencia, la actual presidenta de México declaró la culminación de esta década trágica retomando la famosa tradición del “grito” en el Zócalo de la ciudad capital (antes conocido como Distrito Federal) –tradición que tuvo que ser cancelada hace cuatro años debido a las amenazas y atentados que se sufrieron las familias que buscaban celebrar las fiestas patrias.

Esperemos que la nueva presidenta, ahora en el año 2024, no se haya equivocado en anticipar el inicio de una nueva era en México y que no regresemos al México de la última década, de 2010 a 2020.

Twitter: @Amsalazar