Opinión

#RectificaYa antes de #RenunciaYa

   
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Marcha. (Alejandro Mélendez)

El movimiento #RenunciaYa se anotó una importante victoria incluso antes de la marcha del jueves pasado, cuando miles tomaron las calles y rebasaron el conservador pronóstico de las autoridades capitalinas con respecto a esa manifestación.

La fuerza de #RenunciaYa se notó desde el momento mismo en que la propuesta para que Peña Nieto renunciara se debatió en diversos espacios editoriales.

Los organizadores de esa protesta probaron estar en lo correcto cuando calcularon que la invitación de Peña Nieto a Trump suponía que se había rebasado un límite.

De ahí que miles salieran a la calle, y de ahí que la convocatoria misma se convirtiera en un asunto retomado por diferentes analistas: se podía compartir o no la idea de la manifestación, pero no era posible desdeñar que la convocatoria a marchar contra el Presidente era otro signo de la gravedad de la situación.

Algunos de quienes descalificaron la idoneidad de lo que pretendía la manifestación han explicado que, sin desconocer lo delicado del momento (la crisis de legitimidad de EPN), no veían en la propuesta de hacer renunciar al Presidente sino, alguien lo puso en esas palabras, una invitación a dar un salto al vacío.

No sin argumentos, esa corriente de opinión expresa una suerte de resignación. Peña no es confiable, reconocen, pero quienes tendrían que maniobrar la sustitución presidencial –priistas y opositores, así como representantes de los poderes fácticos– tampoco lo son. Por ende, lo que toca es esperar a las elecciones para renovar el poder (y en ellas, por cierto, elegir a uno de los que hoy no son vistos como confiables).

El gobierno federal ha demostrado, incluso después del affaire Trump, que está lejos de comprender la gravedad del momento.

En cada coyuntura confirman sus muy limitados recursos.

Tuvieron oportunidad de enviar una sana señal de cambio al anunciar la salida de Luis Videgaray, pero tan importante movimiento no fue apuntalado con un viraje. El simultáneo nombramiento de Luis Miranda en Sedesol dilapidó lo que el Presidente habría ganado con la salida de su exsecretario de Hacienda.

Y eventos tan dispares como la decisión de rentar a un cantante mediano el palacio de Bellas Artes, o llenar de acarreados el Zócalo para el día del grito de Independencia, muestran que en la casa presidencial nadie ha definido una ruta que dé pasos hacia el fin de la crisis.

La renuncia del Presidente no debería cancelarse como opción sólo por el entendible temor de que el remedio pueda salirnos peor que la enfermedad.

Sin embargo, y para no dejarle todo a la divina providencia, para no poner en manos del destino las probabilidades de que Peña y compañía no harán más desgarriates, y que el país aguantará lo que hagan de aquí a que haya elecciones, podría intentarse un camino alterno.

Podrían canalizar la fuerza del #RenunciaYa para exigir a la administración un plan de rectificación.

Luego de su éxito al colocar el tema en la agenda, los ciudadanos que han planteado la idea de sustituir al Presidente deberían intentar una escala. Formular, y cabildear, una agenda mínima de compromisos para que la administración se sujete a ella como una manera de dotar a los meses venideros de gobernabilidad.

La debilidad del gobierno es peligrosa. A nadie conviene. Pero está visto que la actual administración no se va a corregir desde adentro.

Sin minimizar escenarios catastróficos, para los mexicanos no debiera ser tabú plantear la renuncia del Presidente.

Por lo mismo, y gracias a la pertinencia del #RenunciaYa, vale la pena intentar el #RectificaYa. Ojalá lo entiendan en Los Pinos.



Twitter: @SalCamarena

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