Opinión

Recomendación del mes: 'Weekend'


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Weekend

A juzgar por muchos de los personajes gays que aparecen en el cine y la televisión, los homosexuales son dandis histéricos y amanerados (como Cam, de Modern Family), amigos “simpatiquísimos” de la protagonista (Rupert Everett en My Best Friend’s Wedding, Andrew Rannells en Girls) o los grandes ausentes. Salvo en el subtexto de X-Men, ¿dónde están los personajes gays en las películas de superhéroes?

El cine necesita historias que no vean a la comunidad LGBT con ojos exóticos o como anzuelo para la carcajada, sino como seres humanos tridimensionales. Cuatro lunas, de Sergio Tovar, estrenada este año, lo logra. Afuera de nuestro país, un gran ejemplo reciente es Weekend, de Andrew Haigh, un drama modesto e íntimo sobre dos hombres que se conocen y enamoran en el lapso de un fin de semana.

Russell (Tom Cullen) es un joven tímido que pasa las tardes encerrado en su departamento y las mañanas trabajando como salvavidas en una alberca pública. Huérfano, su único contacto social es su amigo Jamie, casado y con una hija. Una noche después de una fiesta, Russell va a un bar y conoce a Glen (Chris New), su polo opuesto. Russell lleva una bitácora de sus experiencias sexuales en la privacidad de su computadora; Glen entrevista a los hombres con los que se acuesta como parte de un “proyecto de arte”; este último encara a quien se atreva a comportarse de forma homofóbica frente a él, mientras el otro es incapaz de aceptar su orientación con sus compañeros de trabajo.

Conforme Weekend avanza, este planteamiento, en apariencia esquemático, irá alejándose del cliché. Glen no es la salvación de Russell, ni viceversa: ambos tienen mucho que aprender del otro. Sus pláticas y discusiones retratan la vida gay en un país que pretende ser tolerante, mientras la cámara de Haigh registra momentos que pintan la realidad de ambos jóvenes: un grupo de adolescentes se burla de un hombre afeminado en el metro, otro salvavidas describe una experiencia sexual sin ningún pudor durante la comida y, después de que pasan su primera noche juntos, Russell y Glen se despiden con un apretón de manos en el pasillo del edificio, mientras un hombre y una mujer se besan a su lado. La hostilidad del mundo exterior –el mundo heterosexual– incluso interrumpirá el momento más conmovedor entre ellos, en una nota disonante que ninguna comedia romántica con protagonistas de distintos sexos se atrevería a incluir.

Weekend se asemeja a la trilogía que Richard Linklater comenzó con Before Sunrise: romances condensados en un instante, entre dos personas muy diferentes, compuestos por tomas largas en las que los directores permiten que las actuaciones se desenvuelvan con naturalidad. Sin embargo, el cine de Linklater es básicamente fresa y abiertamente embelesado con la geografía de postal europea, mientras que el drama de Haigh es explícito, a veces áspero, y filmado dentro de un Londres gris, aburrido y alérgico a la belleza. El resultado es una obra sin tintes idílicos. A Jesse y Céline, protagonistas de la trilogía de Linklater, los pordioseros les componen poemas y los cantineros les regalan botellas de vino para que pasen “una noche inolvidable”. A Russell y Glen los peatones los insultan cuando se toman de la mano.

Ese contraste dice más que mil palabras. Weekend es una observación, sin atajos ni respuestas fáciles, de los obstáculos a los que aún se enfrenta la comunidad gay, sin importar idiomas o fronteras.

Twitter: @dkrauze156

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