Opinión

Recomendación del mes: los villanos siempre ganan


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Pumping Iron

Sólo en la ficción hollywoodense ganan los buenos, los débiles, los llamados underdogs. No es un tema de talento o valentía: el caballo negro pierde porque no sólo se enfrenta a un contrincante más astuto sino al sistema que lo apoya. En el retrato de dos rivalidades –Arnold Schwarzenegger y Lou Ferrigno en el fisicoculturismo; Billy Mitchell y Steve Wiebe en los videojuegos–, los documentales Pumping Iron y The King #of Kong hallan observaciones fascinantes sobre el lado oscuro de la mentalidad triunfadora. En palabras de Alejandro Rossi, “quien no admite la derrota, quien siempre quiere ganar, es un traidor en potencia”. O, en el caso de Schwarzenegger, una estrella de cine y gobernador de California.

Dirigido por Robert Fiore y George Butler en 1975, Pumping Iron registra los esfuerzos previos al certamen de Mr. Olympia, siguiendo a un grupo de fisicoculturistas y la competencia entre ellos. Schwarzenegger, una mole de músculo y megalomanía, ocupa el centro del documental. Vanidoso y siempre seguro de sí mismo, el joven austriaco es tan carismático como aterrador. Se ríe con una chica al hombro, chacotea con sus cuates en la playa de California, bromea frente a la cámara, y más adelante se jacta de no haber ido al funeral de su padre porque no quería desconcentrarse dos meses antes de un torneo. Su polo opuesto es Lou Ferrigno, un chico de una timidez patológica, casi sordo, que entrena en un gimnasio adocenado en Nueva York, mientras su padre, que también es su mánager, lo protege y alienta. Ferrigno es más imponente que su rival, pero Schwarzenegger sabe que el título no se lo lleva el fuerte sino el listo. Cuando se encuentran en la sede de Mr. Olympia, el futuro Terminator pone en práctica sus dotes maquiavélicas: si no puede desinflar los bíceps de Ferrigno, siempre podrá poncharle la autoestima. Más que un documental sobre una competencia de fisicoculturismo, Pumping Iron es un vistazo escalofriante a la sique de un político en ciernes.

The King of Kong aborda la rivalidad entre Billy Mitchell, el villano perfecto, primer gran jugador de viejos títulos como Pac-Man, y Steve Wiebe, un modesto profesor de química, quien decide romper el récord de Billy en Donkey Kong. Seth Gordon, el director, logra que el material sea accesible y entretenido incluso para quien nunca ha tomado un control remoto. A medida que Wiebe se esfuerza por conquistar el récord, y mientras Billy hace todas las trampas posibles para sacarlo de la jugada, The King of Kong se revela como un comentario sobre la naturaleza de los aparatos de poder y cómo éstos tienden a destruir a quien cree que ser honesto y luchón basta para tener éxito.

La definición de ambas películas corre a cargo de Leonard Cohen, quien aparece en el soundtrack de The King of Kong mientras Billy peina su melena como prima donna. "Everybody knows the good guys lost/Everybody knows the fight was fixed/The poor stay poor, the rich get rich", canta Cohen, con esa voz irónica pero derrotada. Y sí: el villano levanta la corona y el underdog se va a casa con las manos vacías, aun cuando batallen por un puntaje en Donkey Kong o por tener los deltoides más marcados. That’s how it goes/ And everybody knows.

Twitter: @dkrauze156

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