Opinión

Rechazados, ¿hasta cuándo, señores?

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Centenares de estudiantes rechazados de la UNAM y del IPN marcharon y bloquearon hoy Insurgentes y Paseo de la Reforma, lo que llevó que granaderos realizaran acciones para desalojarlos de las vialidades antes mencionadas. (Eladio Ortiz)

La distancia entre los políticos y la realidad se mide con el siguiente dato: ningún partido ha tomado la bandera de los jóvenes que no pueden estudiar por falta de lugar para ellos, ni trabajan porque no están capacitados para un empleo.

De los 128 mil 519 aspirantes a ingresar a la UNAM, sólo fueron aceptados 11 mil 490. Más del 90 por ciento quedó fuera, no porque sean flojos o poco aptos, sino porque ya no hay espacio.

Son los “rechazados”: esa palabra que se les pegará como estigma por el resto de sus vidas, debido a la incapacidad de los políticos para abrir nuevos espacios de educación pública a los jóvenes.

Los que están en prepa, desertan. ¿Para qué seguir en una etapa preparatoria a la educación superior si no van a alcanzar lugar cuando lleguen a ella?

El 70 por ciento de los jóvenes mexicanos mayores de 15 años no tiene acceso a la educación por falta de oportunidades, ha expuesto el rector de la UNAM, José Narro.

¿Qué espera el gobierno para crear más universidades públicas, del calado de la Universidad Nacional o del Politécnico?

Los exitosos salen de las universidades e instituciones técnicas de nivel superior. Los delincuentes salen del ocio a que les condena la inacción del Estado.

En qué hacer con los jóvenes se decide el tipo de sociedad que queremos. Y la que tenemos.

De acuerdo con el Censo 2010, hay 14 millones 207 mil jóvenes de entre 18 y 24 años de edad. De ellos, el 23.6 por ciento (dice la OCDE) no estudia ni trabaja: unos tres millones.

A los partidos, por lo visto, ni siquiera les interesan los jóvenes como votantes, pues no proponen nada para ellos.

Para la juventud en el país, que no alcanza lugar en la educación superior, y que no puede trabajar por falta de habilidades, no hay respuesta.

Se invierte en policías y en cárceles, pero no en centros educativos.
La India, un país mucho más atrasado que el nuestro, ha logrado sacar a cientos de millones de personas de la pobreza con buenos institutos tecnológicos y enseñanza masiva del inglés.

Aquí ni la Secretaría de Educación Pública ni los partidos en el Congreso han dado la importancia debida a la educación.
Según cifras oficiales, la deserción escolar en primaria es de 50 mil niños cada año.

Con ello tenemos que cada día del periodo lectivo, 250 niños dejan su educación primaria para irse a trabajar, para limpiar parabrisas en las calles o escapar rumbo a Estados Unidos.

La sangría de 50 mil niños que cada año abandonan la primaria, se va a un estanque donde no existe la movilidad social.

Gran parte de la deserción escolar se da por la pobreza familiar que presiona a los niños a trabajar para auxiliar en el gasto del hogar.

Pero el factor fundamental por el cual no siguen sus estudios es porque aprenden muy poco o nada, y al finalizar la etapa escolar van a tener que hacer lo mismo que al momento de la deserción. Mejor de una vez, razonan.

Ni la SEP ni los partidos tienen políticas para los millones de jóvenes que no encuentran un lugar en la sociedad, porque no se los abren, y muchos de ellos se van a las filas de la delincuencia.

Y después nos quejamos de la inseguridad.

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