Opinión

Tres realidades del emprendimiento que
te confrontan

  
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emprender

Emprender es como navegar en un río inestable, que no conoces bien, y en donde sólo tienes claro cuándo iniciaste el viaje pero no tienes certeza de cómo y cuándo lo vas a terminar.

Por momentos, tu balsa va en zonas con corrientes tan tenues que sólo remando con intensidad avanzas. El desplazamiento cansa. A veces agota. De hecho, los puntos de referencia que te ofrece el entorno se mueven tan lento, que no es inusual que te cuestiones ¿qué estoy haciendo aquí? Mientras lidias con cierta dosis de desesperación, tienes que seguir remando.

En otros momentos, tu balsa topa con rápidos. Copiosos y ruidosos. Es el flujo de la corriente lo que te desplaza. El remo sólo sirve para darle a la balsa cierto rumbo y dirección para evitar los obstáculos que el cauce inevitablemente te presenta. Los puntos de referencia se mueven tan rápido, que no es inusual que te cuestiones ¿qué estoy haciendo aquí? Mientras lidias con ciertas dosis de miedo, tienes que seguir direccionando.

Las emociones ligadas al emprendimiento no pueden ser más variadas y contradictorias. Un día no puedes de la emoción porque las cosas te están saliendo bien y otro día, quizás en esa misma semana, te invade la preocupación por no poder llegar a una meta necesaria.

En ese cauce los que deciden no bajarse de la balsa, más temprano que tarde, deben interiorizar lo siguiente:

1) El compromiso inicia cuando la diversión se acaba.- No hay emprendimiento que no parta del ánimo que ofrece una expectativa de futuro exitoso. Suele ser muy divertido conceptualizar un negocio y compartirlo inicialmente con prospectos de clientes o con inversionistas potenciales. Pero el compromiso (contigo mismo en primerísimo lugar) resulta indispensable cuando los resultados no se materializan cuando los necesitas, cuando la situación se tensa o cuando los problemas complejos emergen.

2) El mercado no te paga por lo que sabes o intentas, sino por lo que logras hacer con lo que sabes.- La sobrevivencia de la nueva empresa no se basa en el intento. Se nutre de los resultados tangibles, demostrables y preferentemente monetizables. La divisa más valorada en una empresa que emerge y que busca consolidar un lugar en el mercado es el registro continuo de indicadores de valor en el balance. Enfócate en probar tu habilidad para obtener resultados continuos.

3) Hay que aprender el timing del negocio en las buenas y en las malas.- Todo negocio tiene sus tiempos. Todo proceso tiene sus etapas. Toda empresa tiene sus ciclos. Uno los puede eficientizar, los puede acelerar o los puede modificar. Lo que no se puede es negar su existencia.

Hay una tendencia del emprendedor a querer sobreponer la esperanza a la realidad en muchos momentos. El optimismo no elimina que los kilómetros tengan mil metros, los días 24 horas y los millones seis dígitos.

Y que no te extrañe. A la distancia, siempre habrá alguien que te vea en la balsa del emprendimiento desde la panorámica que ofrece un empleo razonablemente bien pagado.

Por el simple efecto de su ubicación y posición, al verte remando con intensidad en aguas quietas o verte al borde de la balsa, a veces cayéndote, en aguas turbias, más de uno estará tentado a decirte que estás loco o a criticarte.

Y es que sólo el que va en la balsa percibe la corriente. Sólo el que rema confía en su avance. Y sólo el que dirige un emprendimiento cuando toma velocidad siente el cuerpo vibrar, los poros dilatados y los párpados en trabajo continuo para no perder la vista al horizonte.

Emprender es así, un cúmulo de emociones que nos gustan a algunos y que expulsan a otros. 

* El autor es empresario y conferencista internacional.

Twitter: @mcandianigalaz

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