Aquí mando yo
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Aquí mando yo

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Aquí mando yo

06/11/2018

Vivimos momentos enrarecidos en nuestro querido México, también en el mundo. Lo que por muchas décadas fueron usos y costumbres en la sociedad, hoy parece que se intentan abolir o transgredir, en un afán de “libertad” confundida con libertinaje. Dichos usos y costumbres tenían sus cimientos en el respeto y los valores, en el poder diferenciar el bien y el mal.

En este respeto a los demás es donde precisamente caben todas las ideas y formas de ver la vida, que pueden ser totalmente opuestas, pero que encuentran el balance en el respeto.

El “aquí mando yo” ronda en el ambiente y es muy, pero muy, peligroso en cualquier círculo, desde la familia, la escuela, el trabajo o el gobierno; la razón es porque divide, confronta y tensiona, lo estamos viviendo como país. El presidente electo ganó por mayoría, lo sabemos; los ciudadanos que no votamos por él lo asumimos, no hicimos manifestaciones, no tomamos Reforma, no nada, con respeto entendimos que una mayoría de mexicanos apostaron por otra opción de gobierno, algo entendible y respetable dadas las lamentables gestiones anteriores, donde el amor por México y la búsqueda del bien común fueron cobardemente dejados a un lado por la miserable avaricia de quienes desfalcaron y hurtaron no sólo el dinero, sino la esperanza y dignidad de los mexicanos. Lo peligroso es que ahora se nos intenta enfrentar, imponiendo criterios y decisiones que al final perjudicarán al país. Se pierde el objetivo del bien común, que se confunde con “la decisión mayoritaria”, lo cual no es lo mismo.

En el mundo del toro acabamos de vivir un ejemplo de este perjudicial entorno. La ciudad de Guadalajara tiene en su plaza monumental Nuevo Progreso un bastión de poder taurino, al ser la plaza quizá más exigente de nuestro país. Exigente en la presentación de los toros, que se apega a un reglamento y que se cumple a rajatabla. Esta columna no intenta justificar acciones ni de uno ni de otro bando. Se juntaron circunstancias que hicieron de este domingo 4 una fecha especial en la Perla tapatía, y la atención de toda la afición del país estuvo ahí. El regreso del maestro Enrique Ponce, tras 16 años de ausencia; cartel de lujo completado con Juan Pablo Sánchez y Sergio Flores, ante un encierro de la prestigiosa ganadería de Jaral de Peñas.

¿Qué pasó? Que tres toros no dieron el peso mínimo estipulado en el reglamento. No por esto los toros carecieron de trapío, este último concepto, plenamente subjetivo; bajo mi perspectiva, es la armonía en las hechuras de cada animal, no está relacionado en lo absoluto ni al peso ni a la dimensión de los pitones; existen becerras con trapío, novillos con trapío, y toros adultos sin trapío. Hay encastes que no pesan, pero que tienen imponente trapío. Hay toros que dan muchos kilos y no por eso poseen trapío.

Lo que de esto surgió fue un reflejo del ambiente social: el enojo, la frustración y la impotencia. El engaño del que los mexicanos hemos sido víctimas por la gran mayoría de nuestros gobernantes durante décadas nos tiene en un estado de absoluta desconfianza. Esto fue lo que sacó de proporción el hecho de que tres toros no dieron el peso, punto. El ganadero Juan Pedro Barroso, en pleno uso de su derecho, retiró la corrida completa y ésta fue sustituida por una del hierro de Bernaldo de Quirós. El encierro sustituto fue aprobado por el juez Arnulfo Martínez, lo cual desató la ira de los “ultras” tapatíos, que piensan que un ganadero invierte cientos de miles de pesos para criar sus toros y llevarlos a una plaza de toros a engañar. Pensar eso es absolutamente estúpido. Nadie dentro del mundo del toro va a una plaza con el afán de engañar o fracasar. Lo que ya desencadenó una irracionalidad colectiva fue afirmar que Enrique Ponce estuvo detrás de la devolución de la corrida —misma con la que había estado de acuerdo al contratarse—, y que había impuesto al hierro suplente. Esto colocaría al valenciano por encima de la empresa y las autoridades, lo cual es irrisorio e irresponsable sólo de pensarse.

Al final del día se vivió una novela, se enfrentaron las posturas y se dio al traste con un evento cultural y social que reunió a miles de personas en el Nuevo Progreso. Insultos fueron y vinieron, nadie se salvó. ¿Quiénes perdieron? Todos lo hicimos.

La tauromaquia es un reflejo de la sociedad, y espero que de esto que pasó el fin de semana en Guadalajara aprendamos a no extrapolarlo a México, sino que todos cumplamos las leyes, tanto gobierno como ciudadanía, respetándonos y sabiendo convivir en busca del bien común aunque pensemos diametralmente distinto.

Para rematar, el próximo domingo arranca la Temporada Grande en la Plaza México con cartelazo: el sensacional rejoneador Diego Ventura, con dos toros de Villa Carmela; a pie, el maestro Enrique Ponce, El Payo y Luis David, ante seis toros del hierro queretano de Barralva. Trapío es la armonía en las hechuras de cada toro, no está relacionado en lo absoluto ni al peso ni a la dimensión de los pitones.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.