Opinión

¿Quién cuida a 'El Chapo'?

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Módulo especial Chapo Guzmán. (Especial)

Los Limones es un caserío perdido en el municipio de Tamazula en la sierra de Durango, que tiene dos habitantes. No lejos de ahí se encuentran El Verano, cuya población es de 57 habitantes y nueve viviendas. Ahí comenzó la primera semana de octubre el último operativo para recapturar a Joaquín El Chapo Guzmán. Los comandos de la Marina y unidades especiales de Estados Unidos llegaron a esos poblados en donde se había ubicado al criminal prófugo, e iniciaron una semana de acciones en la sierra que se extendió por 14 comunidades para atraparlo. Los comandos llegaron al menos cuatro semanas después de que en la zona ya sabían que El Chapo seguramente se encontraba ahí. No eran los únicos.

Desde hace dos meses y medio sospechaban lo mismo en Estados Unidos. En una extraña declaración que el jefe interino de la DEA, Chuck Rosenberg, dio a la prensa en Washington el 5 de agosto, sugería que Guzmán podría esconderse en Sinaloa, donde su familia y cómplices podrían protegerlo. “¿Dónde está probablemente más seguro y más protegido?”, se preguntó antes de responderse. Poco después los informes procedentes de autoridades locales en los municipios de la sierra de Durango mencionaban que como nunca antes, decenas de soldados habían llegado a esa región y establecido retenes para subir a los municipios enclavados en la Sierra Madre Occidental, o determinar por dónde podían subir a sus poblados o rodear para llegar a ellos.

Visto de esa forma, el Ejército había llegado antes que la Marina y las agencias de seguridad a la sierra de Guerrero, sin que, como en los operativos de los últimos diez días, hubiera denuncias de violaciones a los derechos humanos. Los soldados no buscaban a nadie, según testimonios de personas que experimentaron los retenes militares, pero controlaban la circulación hacia la sierra. En los retenes les preguntaban hacia dónde iban, por qué carreteras podrían circular y por cuáles no. Los pobladores de la zona recuerdan cómo antes de que fuera capturado El Chapo, los soldados visitaban continuamente la zona de Tamazula y vigilaban incluso las pistas de aterrizaje clandestino. En esos tiempos, la extinta Secretaría de Seguridad Pública Federal tenía información de que El Chapo vivía la mayor parte de su tiempo en pequeñas y humildes casas en la sierra, a salto de mata, y tanto sus agentes de inteligencia como la Marina, estaban tras su pista.

Desde entonces, el Ejército estaba excluido de las operaciones tácticas contra El Chapo. Se tenía una experiencia años antes, en el gobierno de Vicente Fox, cuando agentes federales llegaron a estar a tres horas por tierra en la sierra de Durango, y pidieron autorización en la PGR para poder ir por él. Desde la PGR les dijeron que esperaran para avisarle al Ejército. Lo que los agentes federales vieron es que poco después un avión militar pasó rasante sobre las comunidades donde se escondía Guzmán, quien alertado inadvertidamente de que estaba sobre su pista, se escapó en un helicóptero que envió su compadre y socio, Ismael El Mayo Zambada. En la primera parte de la guerra contra las drogas emprendida por el presidente Felipe Calderón, se encargó al Ejército de la parte de la frontera entre Tijuana y Ciudad Juárez. Sin importar los niveles de violencia, el Ejército llegó a esa zona a combatir a los cárteles que controlaban las plazas, a los que eliminó. Cuando terminaron sus operaciones, quien se quedó con la plaza fue el Cártel de Sinaloa, con la gente de El Chapo al frente.

El Ejército no tiene un pasado impoluto en su lucha contra el narcotráfico. La desconfianza sobre sus vínculos con el crimen organizado ha sido una constante en el gabinete de seguridad a lo largo de los años, lo cual se ha trasladado marcadamente a las agencias de inteligencia de Estados Unidos, que rechazan trabajar con militares. En el sexenio anterior, la colaboración de los servicios de inteligencia estadounidenses era con la Marina, la Policía Federal y la PGR; hoy, sólo con la Marina.

Los operativos de las dos últimas semanas en la sierra de Durango responden a una política clara en Washington. Aunque la Marina participa de un centro de comando especial junto con el Ejército, la PGR, la Policía Federal y el Cisen que se reúne todas las semanas para intercambiar información sobre El Chapo y coordinar acciones, sólo con los marinos mexicanos trabajan los estadounidenses. No quieren filtraciones de agentes federales o militares que, como en el pasado, han permitido que se escapen capos del narcotráfico a quienes están a punto de capturar. Su renovada investigación ha marginado al gobierno mexicano.

Desde que se fugó El Chapo Guzmán, los servicios de inteligencia estadounidenses reactivaron el seguimiento telefónico a sus familiares y cercanos, con lo cual ubicaron a Guzmán en la sierra de Durango. La Marina llegó entre el 4 y 5 de octubre a la región serrana de Tamazula, donde se encuentran Los Limones y El Verano, con agentes de la DEA encubiertos. El Ejército estaba en esa zona semanas atrás, pero para controlar el tránsito, no en operación de búsqueda. ¿Qué hacían? ¿Por qué el cuidado de la sierra de Durango? Las sospechas sobre el Ejército vuelven a surgir, junto con la necesidad de que el secretario de la Defensa, general Salvador Cienfuegos, lo aclare antes de que se convierta en un problema más a los que ya tiene.

Twitter: @rivapa

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