Opinión

¿Qué tan grave será la desaceleración?

 
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¿Qué tan grave será la desaceleración?

No hay discusión sobre si la economía mexicana va a desacelerarse en el segundo semestre del año. Ahora el único debate es cuánto y de qué manera.

Cuando se confirme el próximo lunes 22 de agosto la estimación oportuna del Inegi, que marcó un crecimiento de 2.4 por ciento en el segundo trimestre (a tasa anual y cifras originales), habremos llegado a un promedio de 2.5 por ciento en el semestre pues en el primer trimestre el crecimiento fue de 2.6 por ciento.

El viernes pasado la encuesta quincenal de Banamex reveló que el consenso de expertos marca un promedio de crecimiento 2.18 para todo el año. Si ese fuera el caso, el promedio del segundo semestre sería de 1.86 por ciento.

Si se hicieran válidos algunos de los pronósticos más pesimistas, como los de Barclays o Bank of America, que calculan 1.9 por ciento anual, entonces la economía crecería a un promedio de apenas 1.3 por ciento en el semestre.

Para llegar a esos promedios hay que tomar en cuenta los componentes del PIB. La industria creció a un ritmo promedio de 0.6 por ciento en el semestre.

Los datos de Estados Unidos, de los que depende fuertemente el dinamismo de este sector, no son buenos ni prometen serlo en la segunda parte de este 2016.

Es especialmente preocupante el desempeño de la inversión fija del sector privado, que cayó a una tasa de 9.7 por ciento, la peor baja en Estados Unidos desde el segundo trimestre de 2009.

Así que, en el mejor de los casos, pareciera que la industria en México podría mantener un ritmo semejante al de la primera mitad, con un crecimiento de apenas 0.6 por ciento.

La clave para determinar qué tanto se va a desacelerar la economía es el comportamiento del mercado interno.

Respecto a él tenemos signos contradictorios. Por un lado, hay registros como el de las ventas de autos, que crecieron en julio 17.8 por ciento a tasa anual; las ventas de Wal-Mart, que subieron en julio 9.3 por ciento a semanas comparables; o el aumento del crédito al consumo en junio que aumentaron a una tasa anual real de 10.3 por ciento.

Todos esos datos nos dejan la impresión de una dinámica muy robusta del mercado interno.

Pero al mismo tiempo se apreció en julio una importante caída de la confianza del consumidor y se observan actitudes más conservadoras en julio que en junio. Por ejemplo, bajó en 5.5 puntos la percepción respecto a la posibilidad de adquirir un auto en los próximos dos años, o 7.2 por ciento la de comprar o remodelar una casa.

Por existir signos contradictorios, no hay claridad respecto al rumbo que pueda tomar próximamente nuestro mercado doméstico, y de ello va a depender en gran medida el tamaño de la desaceleración.

Conviene subrayar, sin embargo, que aun en las visiones más pesimistas no tendremos una recesión en la segunda mitad del año sino un crecimiento más lento.

No hay que olvidarnos que para el último trimestre, además, el ambiente económico estará fuertemente influido por los resultados de la campaña electoral en Estados Unidos. Si se percibe que es alta la posibilidad del triunfo de Trump, no debiera descartarse un freno mayor por la incertidumbre que este hecho produciría, y que ya veremos con más claridad comenzando octubre.

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