Opinión

Qué sigue en Estados Unidos

  
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Debate 26 septiembre. Clinton vs Trump

Llegó el día D, una fecha en el calendario electoral de Estados Unidos que tiene repercusiones en el mundo por la amenaza que representa Donald Trump a la estabilidad y la paz, no tanto por sus balandronadas hechas en campaña, sino por su total desconocimiento del complicado entreverado que soporta la economía mundial y la misma paz del orbe, dado principalmente por un equilibrio de fuerzas entre las superpotencias.

Si los pronósticos se cumplen, Hillary Clinton será la primera presidenta de los estadounidenses y con ello continuará esa ola de cambios profundos que empezaron con la llegada de Barack Obama, al derrumbar el mito de que jamás un hombre de color gobernaría al país más poderoso del mundo.

Sin embargo, el triunfo demócrata no aquieta las aguas turbulentas que agitó Trump entre una gran sector de los votantes americanos que están hastiados de los políticos tradicionales y del propio modelo democrático que no ha logrado mantener los niveles básicos de bienestar social y progreso entre las familias de aquel país.

El ánimo xenofóbico y discriminatorio que impregnó Trump contra las minorías de latinos, árabes y afroamericanos y que la “compraron” millones de sus paisanos, representa una alerta roja en el entramado social de EU, que de por sí ya se vio alterado por los conflictos raciales detonados por la propia policía al masacrar a varios ciudadanos de color.

De qué manera apaciguará, por ejemplo, la presidenta de Estados Unidos, la irritación que se da a lo largo de su país, por aquellos grupos que perdieron sus trabajos con el cierre de múltiples empresas que trasladaron sus instalaciones a otros países, como es el caso de la industria automotriz a México, o como resolverá el tremendo déficit fiscal que amenaza con convertirse en una auténtica bomba de tiempo.

Al sacarse la rifa del tigre, parecería obvio establecer un periodo de tregua y de reconciliación entre los estadounidenses, sobre todo aquellos que veían a Donald Trump como el salvador de todas las penurias por las que transitan.

O acaso alguien creerá que después de la elección todo volverá a la normalidad. Por supuesto que no es así y ante este escenario es donde la presidenta Clinton tendrá que echar mano de todas sus habilidades para dar un golpe de timón que permita reencauzar el rumbo hacia horizontes de consolidar el desarrollo sustentable a nivel mundial.

Los postulados del fascismo que atrajeron a más del 40 por ciento del electorado yanqui y que representó Trump en la campaña, muestran la radiografía de una población que no está contenta con los resultados que le ha dado la democracia norteamericana, por ello se inclinaron por una oferta política que ofreció la reivindicación del nacionalismo, la de un gobierno totalitario y justiciero que mantenga la hegemonía de ese país en el mundo y devuelva el nivel de status quo a la “raza blanca”.

Tal vez, en México no se entienda este forma de pensar; sin embargo, amplios sectores de población de nuestro vecino del norte, todas las promesas de campaña de Trump no sólo las veían normales, sino necesarias.

El conflicto postelectoral podría ser el siguiente paso en la ruta del populismo y si bien no revierte el resultado si mantiene en los reflectores en un hombre que los necesita para subsistir y para estar reinventándose en el futuro. La receta es añeja y la practican varios personajes en este continente como Andrés Manuel López Obrador y Nicolás Maduro.



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