Opinión

¿Qué se siente?

 
1
 

 

Salario bajo.

“Salario mínimo al presidente, para que vea lo que se siente”; no era una consigna sino un reclamo desde la injusticia que surgió allá por 2010, cuando Felipe Calderón presumía con orgullo que los salarios en México ya eran menores que en China. Lo consideraba un triunfo político, y en parte lo era, de su gobierno.

El reclamo se sigue repitiendo cada primero de mayo conmemorativo del Día del Trabajo, y cada vez con mayor razón; el Quinto Informe de Gobierno de Peña Nieto informa también del deterioro constante de las remuneraciones desde que comenzó el sexenio.

Ahí se puede leer que en 2012 había en el país 3.92 millones de empleos remunerados con cinco salarios mínimos o más, y que en 2017 ya sólo quedan 2.78 millones de lo que se pudiera considerar clase media; la caída es de 29.11 por ciento.

El problema que esa caída significa no es nada más que el mercado pierda poder adquisitivo y que las pequeñas y medianas empresas tengan más problemas con sus ventas; el problema también es de salud pública.

¿Qué sienten quienes pierden un empleo y se ven forzados a aceptar otro con menor paga y caen de la escala social clase mediera para acercarse o pasar a la de los pobres?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) se ha venido ocupando del tema en muchos países y reconoce que la pérdida del empleo constituye uno de los principales factores de riesgo de aparición de problemas de salud mental.

Las personas que se empobrecen al perder ingresos quedan sometidas a un estrés psicosocial constante que afecta sus decisiones y todo el conjunto de su vida; la pobreza, el desempleo y factores vinculados a todo tipo de desigualdades, son determinantes sociales muy fuertes que con facilidad causan depresión a las personas.

Cuando un mal como ese afecta a millones, se entiende el mal humor de las naciones, muy extendido por el mundo; no lo causan, en México, los medios de comunicación como cree el presidente Peña, sino ver que el trabajo honesto paga cada vez menos un nivel digno de vida.

Es el resultado del desmantelamiento neoliberal de políticas que daban estabilidad y certezas básicas a la gente. No sólo las inversiones empresariales reclaman certidumbre, como la que se le atribuye al TLCAN; también la población merece que se revierta la sensación de vulnerabilidad del país, de las clases medias, de los pobres y que se le devuelva la confianza en que puede hacer algo para mejorar su situación. 

También te puede interesar:
Hay una estrategia trumpiana
Tratado de ¿libre? comercio
​“Lo mexicano”

Sign up for free