Opinión

Qué refleja esa marcha ‘pro-Chapo’

Cuando vi las fotos, no lo creía: una manifestación de jóvenes con camisa blanca pidiendo la liberación de El Chapo Guzmán.

Lo que ayer por la tarde ocurrió en Culiacán es muestra de una de las debilidades que tenemos en el país y que tiene que ver mucho con nuestras posibilidades de crecimiento.

Permítame explicarle.

No resultaría extraño que grupos de narcotraficantes intentaran liberar a su jefe. Por eso es que los traslados que se realizan cuando se captura a un capo ocurren en medio de extrema seguridad.

Pero, no se había visto recientemente que aparente población civil (subrayo lo de aparente pues será un tema de los órganos de inteligencia verificar si es así) salga a la calle a pedir que un notorio criminal sea dejado libre.

Si la actividad ilegal relacionada con el tráfico de drogas o con otros delitos genera una enorme derrama económica, es claro que su combate afecta negativamente a diversos grupos y que ellos eventualmente pueden resistirse a ese combate.

Pero hay algo más. En algunos estratos de la sociedad, los narcotraficantes pueden convertirse en prototipos del éxito. Así como lo oye.

Tener poder, dinero y construir un imperio en donde cuentan sus propias leyes, por encima de las del Estado, puede ser muy atractivo para algunos.

Casi tan importante como la captura de capos y el combate a la actividad misma del narcotráfico y delitos relacionados, es el cambio de paradigmas entre los estratos de la población en donde hay admiración por los capos, es decir donde celebran los ‘narcocorridos’ y ven a este tipo de delincuencia como una aspiración.

Una estrategia exitosa de crecimiento requiere cambiar los paradigmas de la población.

En México todavía es visto con recelo el éxito económico.

Seguramente ha escuchado alguna vez la metáfora de los “cangrejos mexicanos”, que puestos a cocción en una olla, nadie logra salirse porque cuando alguno trata de hacerlo, los demás lo jalan hacia abajo.

Es una simple imagen plástica de lo mal visto que es el éxito económico.

Los países que lograron crecer o reducir significativamente la pobreza poseen mayormente culturas en las que el éxito económico es visto como un mérito.

Hay un reconocimiento social a las personas que logran acumular riqueza porque implica que tendrán posibilidades de invertir y generar empleos.

Claro, tiene que haber la capilaridad social necesaria para que un joven inadaptado de clase media invente en su cochera un dispositivo que cambie el mundo y construya una de las empresas más valiosas del mundo.

Cuando no se percibe esa posibilidad entre amplios sectores de la población, entonces se presentan aparentes aberraciones como la admiración por los delincuentes y hasta las movilizaciones para liberarlos.

Ojalá tuviéramos muchos jóvenes inventando en sus cocheras dispositivos que nos cambien la vida y que miles de mexicanos se hagan ricos con esos inventos.

Ello contribuiría más de lo que se cree a la contención del crimen, pues hay dos bases para la actividad delictiva: los incentivos económicos y las aspiraciones personales y sociales que encierra la actividad de los delincuentes.

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