Opinión

¿Qué puede causar una crisis global? (I)

 
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Shell Alaska

Los mercados han continuado observando una fuerte ola de alta volatilidad. Ésta ha sido tan significativa que nos ha puesto a reflexionar sobre las causas (“Reflexiones sobre el altamente volátil inicio del año”, 26 de enero) y nos ha hecho también cuestionarnos si no estamos entrando a otra crisis (“¿Se acerca otra crisis global?”, 19 de enero). Los datos económicos “duros” y la visión de la mayoría de los economistas y analistas de mercado es que no nos encontramos entrando a una recesión, sino que estamos saliendo de la crisis de 2008-2009. En este sentido, el errático comportamiento de los mercados se explica porque habiendo sido una crisis profunda, prolongada y con instrumentación de políticas económicas no convencionales, hay “reacomodos” en los mercados financieros globales que se ven reflejados en las mencionadas olas de alta volatilidad.

No obstante lo anterior, platicando con varios de los principales gestores de portafolios de inversión globales de corto plazo (hedge funds), existe una gran preocupación que estos reacomodos provoquen una crisis global. Repasando tema por tema: China y el ciclo de alza de tasas de interés del Banco de la Reserva Federal en EU (Fed), no parecen ser los catalizadores de una crisis potencial de escala global. Los argumentos que sostenemos los economistas son mucho más contundentes que los que pueden ofrecer estos sofisticados financieros.

Es más, muchos pensamos que estas personas se encuentran en un estado de pánico sin fundamentos. Así vivimos todos los días, esperando que ya sean datos económicos alentadores o mensajes de autoridades chinas o de los bancos centrales de países desarrollados, brinden calma a los mercados y se pueda apreciar un escenario con un menor grado de incertidumbre.

Desafortunadamente, la visión de los analistas y de los mercados se ha estado despegando más y más en las últimas semanas, al punto de ser diametralmente distintas. Al principio del año parecía un “capricho” de mercado, similar al ocurrido a finales de agosto con el anuncio del Banco Central de China –en el que cambiaban la forma en cómo se cotizaba el tipo de cambio fix–, que fue muy mal comunicado por las autoridades y muy mal interpretado por los participantes de los mercados (“¿Qué tan preocupante es la situación en China?”, 18 de agosto, 2015). Al final, los mercados mostraron calma e inclusive la Fed pudo iniciar su ciclo de normalización de tasas de interés en diciembre. Sin embargo, al pasar las semanas, con caídas más pronunciadas en muchos de los mercados y niveles más elevados de volatilidad, los secretarios de Finanzas y los gobernadores de diferentes bancos centrales –tanto de emergentes como de países desarrollados– se han mostrado más preocupados por estos acontecimientos de mercado.

En la tarea de buscar lo que puede ocasionar una crisis global hoy, pienso en ese viejo refrán que repetía mi abuela “el hilo se rompe por lo más delgado”. Considero que China no se va a desacelerar más de lo que ya se espera. Si los bancos en ese país enfrentan problemas graves de cartera vencida, son del gobierno y no están conectados con la banca extranjera, por lo que si bien afectaría al crecimiento global, el problema estaría contenido. En Estados Unidos el mercado laboral continúa sólido y salvo algo de ruido de corto plazo en algunos datos, el consumo privado sigue mostrando una dinámica favorable. Entonces ¿En dónde podría estar el problema? Analicemos el petróleo.

Los precios del petróleo están en niveles no vistos desde 2003. Si bien existe un desequilibrio de sobreoferta significativo, no hay duda de que hay un componente geopolítico muy importante incidiendo en los precios del petróleo (i.e. productores de lutitas en Estados Unidos, Arabia Saudita, Rusia e Irán). La buena noticia es que mientras más baje el precio del petróleo, sobre todo a niveles cercanos a los costos de producción, nos alejamos de esos temas más “esotéricos” y nos acercamos a los verdaderos fundamentales económicos de la industria petrolera: los costos de producción. En este sentido, con un precio del petróleo por debajo de 50 dólares por barril (dpb) se elimina por completo la utilidad en varias empresas petroleras, sobre todo las de lutitas. Pero más importante aún, con precios del petróleo por debajo de 25 dpb se comienzan a erosionar las ganancias de una mayor cantidad de productoras que perforan y extraen de otras fuentes, haciendo que eventualmente disminuyan su producción o, de plano, en el caso de las más débiles, cierren operaciones de manera definitiva.

Así puede comenzar la disminución de la sobreoferta y observar una estabilización de los precios del petróleo. Pero esta no es la única consecuencia. Para que el precio del petróleo se estabilice por menor producción –de la manera en la que acabo de comentar–, entonces implica que varias empresas petroleras caigan en suspensión de pagos y es aquí donde se puede vislumbrar uno de los posibles detonadores de una crisis. El posible escalamiento de este tema a la industria bancaria global, particularmente la europea, así como la posibilidad de que el mismo pánico en los mercados financieros sea quien genere una crisis, sin que ésta se esté gestando ex ante, son los dos temas que desarrollaré la próxima semana. Insisto, yo no creo que estemos entrando en una nueva crisis, pero ante el comportamiento tan complejo que han observado los mercados es necesario buscar dónde pueden estar los puntos débiles de la economía global y evaluar qué tanto pueden ocasionar una recesión global.

El autor es economista en jefe de Grupo Financiero Banorte. Las opiniones que se expresan en el artículo no necesariamente coinciden con las del Grupo Financiero Banorte, por lo que son responsabilidad absoluta del autor.

Twitter: @G_Casillas

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