Opinión

¿Qué puede causar una crisis global? (y II)

 
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La semana pasada inicié esta serie de dos columnas comentando que en este inicio de año los mercados financieros globales han reaccionado fuertemente ante preocupaciones sobre la posibilidad de que se materialicen tres riesgos: (1) la economía china se desacelere más de lo anticipado; (2) la fuerte caída de los precios del petróleo esté justo reflejando el menor crecimiento económico en China y otras economías emergentes; y (3) el Banco de la Reserva Federal de EU (Fed) se haya equivocado en haber iniciado un ciclo de alza de tasas de interés cuando todavía el mundo no se encuentra totalmente recuperado de las consecuencias de la crisis económico-financiera global de 2008-2009.

En este sentido, quiero enfatizar en dos asuntos. Por un lado, no se han materializado los riesgos que acabo de hacer mención. Por otro lado, hay una divergencia diametral entre la opinión de la mayoría de los economistas y analistas de mercado y las posiciones que han estado instrumentando los participantes de los mercados, que sólo reflejan un verdadero estado de pánico. ¿Quién tendrá la razón? ¿Qué estarán viendo los participantes de los mercados que nosotros los economistas no estamos viendo? La semana pasada llevé a cabo un “repaso” de los tres grandes riesgos a la luz de datos duros y tendencias que hemos podido observar y analizar y no se observa la tragedia que los mercados ya anticipan.

No obstante lo anterior, sí considero que existen dos catalizadores potenciales que podrían desencadenar otra crisis: (1) una quiebra masiva de empresas de energía –ante los bajos precios del petróleo–, que pueda provocar un riesgo sistémico en la banca, particularmente la europea, que continúa débil y que ésta escale a crisis global por una particularidad de los esquemas recientes de capitalización que los reguladores han propiciado en los últimos años; o (2) la posibilidad de que el mismo pánico en los mercados financieros sea quien genere una crisis, sin que ésta se esté gestando ex-ante. Dedicaré lo que resta de la columna a elaborar sobre estos dos posibles catalizadores.

(1) La industria petrolera, los bancos y lo CoCo’s. No se necesita ser físico nuclear para vislumbrar que la caída tan significativa que han observado los precios del petróleo, así como la velocidad a la que éstos han descendido y la altísima probabilidad de que se queden en niveles bajos por un largo periodo de tiempo, puede provocar una quiebra masiva de empresas de energía. Claramente la probabilidad de quiebra de estas empresas tiene que ver con el tipo de petróleo que vende (e.g. ligero, pesado, con alto contenido de azufre) y con los costos de producción. Por un lado, no es lo mismo vender West Texas Intermediate (WTI) –cotizando alrededor de 32 dólares por barril (dpb)–, que producir crudo Maya, que actualmente se cotiza alrededor de siete dólares por debajo del WTI o el crudo Brent, que se cotiza alrededor de dos dólares arriba del WTI.

En reportes de la Agencia Internacional de Energía se comenta que el costo promedio de producir un barril de petróleo oscila entre 16 y 40 dpb en países como Reino Unido, Canadá, Brasil o Malasia, mientras que el intervalo disminuye a 12-16 dpb en Estados Unidos, China, Noruega y Nigeria, a 7-10 dpb en Rusia, Libia y México y hasta 5-7 dpb en Arabia Saudita. A su vez, la cercanía de que una petrolera pueda incurrir en suspensión de pagos también tiene que ver con la estructura financiera de las empresas. Cuánto es el margen de operación, el margen financiero, si cuentan con coberturas (e.g. algún seguro de venta de su producto a un precio mínimo que les garantiza al menos no incurrir en pérdidas, similar al de la cobertura que lleva a cabo en México el gobierno federal para garantizar sus ingresos fiscales de origen petrolero). Por lo mismo, es complicado evaluar la magnitud del problema de quiebra de empresas en este sector. Asimismo, cabe señalar que esto no sólo tiene impacto en las empresas productoras de petróleo y relacionadas, sino también a las de energía renovable, debido a que el precio del bien considerado como sustituto se encuentra mucho más barato que antes.

Desafortunadamente, donde veo un problema de escalamiento potencial mayor, es si hay una quiebra masiva de empresas de energía y cuál podría ser el impacto en las instituciones financieras a quienes no pagarían sus deudas. Considero que el problema se agravaría con los instrumentos que los reguladores bancarios a nivel global diseñaron recientemente para capitalizar los bancos: Los bonos convertibles de manera contingente o “CoCo’s”. Los bancos pueden emitir este tipo de instrumentos de manera alternativa a emitir acciones y formar parte de su capital. El tema es que tiene características “extrañas”. Son bonos perpetuos (i.e. no tienen vencimiento), que pagan un cupón a una cierta tasa de interés fija –que si deciden no pagar en uno o más periodos, no hay ninguna penalización explícita–, pero que pueden ser convertibles en acciones de la institución que lo emite si se cumplen ciertas condiciones o si el mismo banco lo decide. Considero que las características son “extrañas” porque los hace difíciles de valuar y además no han sido probados en situaciones de estrés. Sin tomar en cuenta si existen instrumentos derivados de los CoCo’s, como futuros, opciones u otros, considero que el simple CoCo puede dar muchos dolores de cabeza hacia delante. De hecho, ya tuvimos un susto hace tres semanas con los CoCo’s de Deutsche Bank.

(2) La profecía autocumplida. A pesar de que el comportamiento de los mercados financieros globales no tenga una justificación estructural, simplemente las fuertes caídas y una volatilidad mucho mayor de manera prolongada pueden causar una recesión per se. Sobre todo si las pérdidas restan confianza a los consumidores, que en los países desarrollados y algunos emergentes se transmiten vía el “efecto riqueza”, en donde al sentirse con menos recursos –sobre todo para retirarse– los individuos reducen su consumo presente.

Insisto, yo no creo que estemos entrando en una nueva crisis, pero ante el comportamiento tan complejo que han observado los mercados, considero que estos dos son los riesgos más importantes, que, de materializarse, sí podríamos enfrentar una recesión global.

El autor es economista en jefe de Grupo Financiero Banorte. Las opiniones que se expresan en el artículo no necesariamente coinciden con las del Grupo Financiero Banorte, por lo que son responsabilidad absoluta del autor.

Twitter: @G_Casillas

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