Opinión

¿Qué 'Oscares' se debe
llevar González Iñárritu?

   
1
    

    

'Birdman', una sátira al show business del director mexicano Alejandro González Iñárritu, es la película favorita. (Reuters)

El subtítulo de Birdman bien podría ser La reinvención de Alejandro González Iñárritu. Con su quinta película, el director mexicano no sólo se alejó de las vidas miserables y accidentes cada vez más rebuscados que fueron el punto de arranque de Amores perros, 21 Gramos y Babel. También abandonó las historias saturadas de llanto, mugre y muerte, y se despidió de esos submundos dominados por la Ley de Murphy, alérgicos al más breve destello de humor o calidez, que alcanzaron su colmo en Biutiful, las dos horas más deprimentes jamás filmadas. Ya era hora de que uno de nuestros grandes directores probara suerte lejos del valle de lágrimas y se atreviera a abordar la comedia, la fantasía y el absurdo.

Birdman es una transformación formal, de pies a cabeza. Un director que durante más de una década fue incapaz de narrar sin saltos en el tiempo o mantener una toma por más de un nanosegundo, aquí se propuso hacer exactamente lo opuesto. Adiós al revoltijo narrativo de 21 Gramos: Birdman está compuesta por una serie de tomas larguísimas, con coreografías alucinantemente complejas, vinculadas de forma más o menos imperceptible, que avanzan en línea recta sin asomarse por el retrovisor ni un instante.

Además de ser una hazaña de coordinación escénica y de dirección actoral, Birdman es una apuesta a un estilo, un tono y un tema, todos completamente distintos a lo que González Iñárritu había hecho. Merece el Oscar a Mejor director. Premiarlo equivale a reconocer la valentía de un artista dispuesto a hacer lo que Riggan Thomson (Michael Keaton) lleva a cabo en la película: cambiar la caja de herramientas, usar material fresco y esperar que el trabajo resultante se sostenga. En Birdman, Thomson se redime (aunque acaba en el más literal desfiguro), mientras que González Iñárritu consigue su mejor película desde Amores perros.

La competencia pinta fuerte, pero Richard Linklater, director de Boyhood, y Wes Anderson, director de El Gran Hotel Budapest, no deberían llevarse el Oscar a mejor director. Empezando por Ellar Coltrane, el actor principal, Boyhood padece una serie de actuaciones tiesas. El Gran Hotel Budapest, la película más divertida de Anderson, pule pero también repite la estética y los trucos que ya le conocemos al excéntrico director estadounidense. Birdman es superior a ambas.

No es seguro que González Iñárritu se lleve el premio a Mejor director o Mejor película el 22 de febrero. Lo más probable es que le otorguen el Mejor guión original como consolación. De ese modo, la Academia estadounidense reconocerá lo menos notable de Birdman, una película anclada a personajes estereotípicos (la hija yonqui, el actor infumable, la crítica despiadada) y cuya trama, en mi opinión, no goza de la misma originalidad que tienen sus recursos técnicos, entre los que también destaca su ingeniosa edición de sonido, a cargo del gran Martín Hernández.

Independientemente de los galardones -un albur de la industria-, Birdman marca un bienvenido cambio de ritmo para González Iñárritu. En su siguiente película probará suerte con un western. Me alegra. Un director tan poderoso como él merece jugar con diversos géneros. El público y el cine se lo agradecerán.