Opinión

¿Qué le pasaría a las economías si se cancela
el TLCAN?

29 agosto 2017 11:50
 
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Economía

El presidente de Estados Unidos ha continuado en los últimos días con declaraciones de que si su país no obtiene “condiciones justas” en la renegociación del Tratado de Libre Comercio con México y Canadá quizá se debería poner fin a este acuerdo comercial. Esto coincide con el anuncio de que el déficit de ese país con el resto del mundo volvió a subir en julio pasado, para llegar a la cantidad de 65.1 mil millones de dólares.

Esta posición parte de un supuesto inicial erróneo al considerar que los desequilibrios comerciales resultan de negociaciones equivocadas. Es decir que una parte se aprovecha de la otra, ya que consideran al comercio como un intercambio de stocks (es decir de bienes disponibles en algún lado) y no resultado de flujos (es decir de cambios en la producción, la inversión y el consumo).

Como resultado propone renegociar este tratado, para obtener varios objetivos siendo el primero corregir este déficit comercial con sus socios de Norteamérica. En diversas declaraciones se vuelve a mencionar que México pague un muro que divida a nuestros dos países, lo que parece una forma de cobrar parte de lo que México ha obtenido de “manera injusta”. Esto recuerda las negociaciones entre empresas, en donde una pretende obtener las utilidades que la otra ha guardado en algún lado o en caso contrario no realiza el acuerdo financiero.

Este concepto de intercambio de activos y stocks no considera los efectos que se presentarían en los flujos, es decir los ingresos y consumos de las dos partes. El proceso de cancelar este tratado sería muy costoso para todas las partes y para sus consumidores quienes tendrían que absorber gran parte del ajuste, ya que las tres economías están muy integradas en sus procesos productivos y en otros aspectos. Es como si el Estado de México y la Ciudad de México o Nuevo León y Coahuila impusieran restricciones al comercio que realizan entre sí.

Industrias manufactureras como la automotriz, la electrónica, la agropecuaria y muchas otras más dejarían de operar como lo han hecho durante décadas. El proceso del 'divorcio productivo' sería largo, doloroso y crearía gran incertidumbre.

Lo peor es que después de separar las economías, el déficit comercial de Estados Unidos no se reduciría, sino probablemente sucedería lo contrario, es decir, se incrementaría. Esto resultaría ya que sus costos de producción se elevarían y sus consumidores importarían más productos de otros países del mundo a menores precios.

Hay que recordar que los desequilibrios comerciales de las economías resultan de un desequilibrio interno entre su producción y su consumo, mismo que se compensa con importaciones del exterior. Si se cancelaran las importaciones de México y se mantuviera el desequilibrio macroeconómico de Estados Unidos, los norteamericanos adquirirían sus bienes en otras regiones como pueden ser China o Europa.

Si se cancelara el TLCAN el comercio internacional entre nuestros países se regularía por las reglas que impone la Organización Mundial del Comercio (OMC). Aquí resalta que Estados Unidos podría imponer a nuestras exportaciones un arancel promedio que sería inferior a 2.7 por ciento (por la cláusula de Nación Más Favorecida), mientras que nuestro país puede imponerle a sus exportaciones un arancel promedio cercano a 25 por ciento, aumentando así el déficit comercial de nuestro vecino.

Hay que enfatizar que este acuerdo no sólo ha permitido la reducción de los aranceles entre nuestros países, también contiene aspectos legales que otorgan garantías legales a las inversiones que realizan nuestros países, como es el llamado Trato Nacional, esto es, que las inversiones que realizan Canadá y Estados Unidos en nuestro país obtienen los mismos beneficios que las realizadas por los inversionistas mexicanos. Con la cancelación del tratado se podrían imponer impuestos y restricciones adicionales a las inversiones extranjeras en nuestro país.

En conclusión, la cancelación del TLCAN no reduciría el déficit comercial que tiene Estados Unidos con el resto del mundo, pero sí elevaría los costos de producción de nuestros países y los consumidores serían los que tendrían que absorberlos, además de que se perderían los beneficios de una mayor certidumbre jurídica a las inversiones.

* El autor es economista.

Opine usted: benito.solis@solidea.com.mx

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