Opinión

¿Qué hacer?

   
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Trump dirá lo que vendrá en los próximos meses. (Especial)

“Perseguir el proteccionismo
es como encerrarse
en un cuarto oscuro”:
Xi Jinping, presidente de China

Hasta antes de la más reciente elección estadounidense, el tema de quién sería el presidente de nuestro principal socio comercial o, para decirlo con mayor precisión, de quien compra 80 por ciento de lo que exportamos, y en donde viven poco más de 35 millones de personas que se reconocen de origen mexicano, era un asunto exclusivo de los estadounidenses y a la decisión tomada, demócrata o republicano, nosotros nos adaptábamos. Ahora no es así, muchas realidades y expectativas cambiaron para el mundo entero, pero particularmente para nosotros los mexicanos. Donald Trump tuvo, tiene y tendrá expresiones en contra de México y de los mexicanos, que nos obligan a todos a tomar posición.

Predominan dos posiciones extremas que respeto, pero no comparto.

La primera, que suena bien, pero que es estéril, consiste en una oposición a ultranza. Realizar actos mediáticos que generan desahogo y cierto ruido, pero que no van a ninguna parte. Todo eso suena bien para algunos y alimenta a ese antiyanqui que todos traemos dentro, al que Trump ha fustigado como nadie más. Pero no nos engañemos, estos actos difícilmente son retomados por alguien en Estados Unidos, y excepcionalmente son documentados siquiera por los periódicos de las ciudades fronterizas del lado americano. Si acaso, su impacto se refleja sólo en la prensa mexicana, y pensar que lo que dicen los medios de aquí es leído allá es un gran error. No sorprende que quienes sostienen que esta estrategia es la mejor, estén más preocupados por ampliar sus espacios de poder político individual o de grupo en México.

La otra posición es la de hacerse 'amigo' de Trump, aliarse, apelar a su espíritu empresarial, poniéndonos de su lado para que se dé cuenta de lo que gana con nosotros. Intentar convencerlo de no seguir agraviando a nuestro país y a cada uno de nosotros, pero bien lo dijo Enrique Krauze: “A los tiranos se les enfrenta, no se les apacigua”. Por un tema de principios, no podemos aliarnos con quien llamó a los mexicanos (a todos) violadores, delincuentes (aunque luego matizó para decir que “asumía que algunos deben ser buenas personas”), y con quien atenta en contra de los empleos de los mexicanos.

Descartar esas dos posiciones extremas, desafortunadamente, no es suficiente para resolver el problema. Apenas aclara qué no hacer, pero aún está lejos de definir qué sí.

Sigo pensando que la mejor estrategia, aunque en el arranque no será muy vistosa, es la que toma como plataforma dos temas: el comercio con Estados Unidos, con un enfoque de seguridad, y las comunidades mexicanas en ese país.

En el tema comercial, ese 80 por ciento de nuestras exportaciones que consume Estados Unidos responde a sus intereses; es decir, no nos compran todo eso porque seamos buenos vecinos, porque sientan amor por México o porque tengan un compromiso social. Lo compran porque lo necesitan, porque les conviene. Por eso tenemos aliados naturales en Estados Unidos. Esos cientos de miles de empresarios que venden y distribuyen esos productos allá, en un mercado real. Hay que diseñar una estrategia para trabajar con ellos.

Pero son los mexicanos que viven en Estados Unidos los que representan –por mucho– nuestra principal plataforma. Se trata de 35 millones de personas que podrían presionar por nuestros intereses. Que son cada vez más americanos, que tienen a sus hijos allá. Que trabajan, consumen, votan, participan, compran, gastan, ahorran, pagan impuestos, etcétera, allá. ¿Por qué tendrían que hacerlo? ¿Por qué defenderían o abogarían por México? ¿Sólo porque es el país de sus padres? ¿Del que muchos salieron porque no encontraron oportunidades para quedarse? Debemos reconocer que no les hemos dado razones suficientes para ser nuestros 'embajadores'. Pero justamente Trump es la oportunidad. Es ahora cuando debemos desplegar esfuerzos para que esos mexicanos sean mas exitosos allá, para que puedan ir a la universidad, para que tengan acceso a servicios de salud, para que conozcan mejor nuestra cultura, su cultura. Ese es el paradigma que tenemos que reformular sin la falsa dicotomía de oponernos feroz, pero inútilmente, o subordinarnos a quien nos insultó.

La otra condición, que siendo fundamental hoy está ausente, es la unidad política y social en torno a una agenda fuerte, concreta y con poder político. En un estado de emergencia debemos actuar en consecuencia, al menos en dos frentes: los nuevos términos en la relación con Estados Unidos y el mundo, y frente a nuestros propios problemas para reducir nuestra dependencia.

Twitter: @JosefinaVM

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