Opinión

¿Qué hacer con Pemex?

 
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Esta semana el Banco de México notificó a la SHCP el monto del remanente de operación de 2015 que enterará en este año ($239.1 mil millones de pesos); a su vez, en comunicado de prensa, esa Secretaría dio a conocer cómo se asignarán esos recursos de acuerdo con la Ley: $167.4 mil millones para amortizar deuda y reducir el monto de financiamiento del déficit público en este ejercicio presupuestal (62% y 38% de ese monto, respectivamente); $70 mil millones al Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios; y $1.7 mil millones para pago de aportaciones pendientes con organismos internacionales, que constituyen una inversión de capital del Gobierno Federal.

De esa decisión sorprendió que no se destinara parte del remanente a apoyar (capitalizar) a Pemex, lo que se había manejado en los medios e, incluso, algunos funcionarios lo habían insinuado. Tan fue así que en un escueto párrafo del comunicado, la SHCP señaló que “…el Gobierno Federal continúa analizando los instrumentos a su disposición para apoyar a Petróleos Mexicanos. Las características del referido apoyo serán dadas a conocer en los próximos días”. En ese sentido, pareciera que hay dudas de las autoridades sobre si capitalizar a la empresa o “apoyarla” de otra manera; así, no se duda en descapitalizarla (retiro de $50 mil millones en 2014 y ¿en 2015?), pero sí en aportarle capital cuando lo requiere. Aunque puede estar sujeto a interpretación, la ley establece la posibilidad de capitalizar a Pemex en la medida que parte de los remanentes de Banxico se pueden destinar al incremento de activos que mejoren la posición financiera del Gobierno Federal.

En cualquier empresa en problemas –sobre todo si son de “flujo de efectivo” como afirman las autoridades– pero con viabilidad, los accionistas aportan capital adicional para solventarlos. Sería muy lamentable que una vez más se comprobara que a Pemex no se le trata como empresa, sino como a una caja del gobierno que hay que vaciar sistemáticamente. Tal vez el repunte reciente del precio del petróleo (la mezcla mexicana ronda los 34 dólares por barril) sea el pretexto para no aportarlo.

Además del “apoyo” del gobierno –ojalá que no sea vía instrumentos de deuda como el crédito por $15 mil millones de pesos de la banca de desarrollo para atender parcialmente el adeudo con proveedores— Pemex puede y debe adoptar múltiples medidas para atender los problemas que enfrenta. La asociación y/o participación de capital privado es una evidente, desde el arrendamiento o venta de activos, aunque se vendan varios “tornillos” de la empresa, como terminales de almacenamiento y reparto, ductos, plantas petroquímicas o de fertilizantes (que corregiría su absurda adquisición) hasta acelerar la migración de los contratos de servicios, instrumentar los denominados “farm outs” y buscar socios para la reconfiguración de las refinerías o para las inversiones en combustibles limpios. De hecho, parte del adeudo pendiente con los grandes proveedores ($120 mil millones de pesos) podría saldarse vía “pagos en especie” con algunos activos no estratégicos de la empresa.

En el ámbito de la gestión interna, además de la reducción de personal que podría ampliarse sobre los 10 mil recortados en 2015 y los 13 mil previstos en este año (del orden de 16% de la plantilla laboral total), así como una compactación del Corporativo que creció sustancialmente en los últimos tres años, podrían subrogarse diversos servicios como el transporte de personal y los médicos, aunque estos últimos son un tema muy sensible para los trabajadores, aún más que las pensiones o los apoyos para vivienda; no obstante, sería mejor tercerizarlos que dejar que se deterioren que es lo que ha estado ocurriendo en los últimos meses.

El destino alcanzó a la empresa y a su accionista, el Gobierno Federal, por lo que llegó el momento de las grandes definiciones: capitalizarla y rescatarla o dejar que siga el camino hacia la quiebra. Ya no se puede “nadar de muertito” y el tiempo juega en contra.

Twitter:@ruizfunes

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