Opinión

¿Qué hacer con el peso?

 
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Peso dólar (Bloomberg)

Al obedecer primordialmente a factores externos, el proceso de depreciación del peso no parece sugerir un curso de acción claro por parte de las autoridades. Es decir, de concluir que el acelerado proceso de debilitamiento del peso representará un riesgo significativo a nivel local, no es obvia la secuencia de acciones que se deberían de tomar y su alcance. De hecho, lo que parecería más claro es el dilema que constituirían las distintas opciones potenciales de política en un contexto de importantes riesgos para el crecimiento económico y la necesidad de administrar las reservas internacionales con un perfil cauteloso.

A continuación, tres elementos centrales del contexto cambiario actual:

Primero, la debilidad del peso obedece a un patrón de fortalecimiento generalizado del dólar frente a buena parte de las monedas globales. A su vez, este fenómeno se encuentra motivado por varios elementos que han ido cambiando en importancia y alcance.

Tal es el caso de los contrastes macroeconómicos entre Estados Unidos (EU) y el resto del mundo desarrollado, la divergencia en posturas monetarias, la debilidad económica en China y su impacto sobre el bloque emergente, la caída en los precios de las materias primas y la misma coyuntura de alta aversión global al riesgo que confirma a los bonos en EU como el “refugio de valor” por excelencia.

Segundo, no se distinguen los elementos clave que pudieran modificar el contexto externo de manera sustancial, al menos no en el corto plazo.

Episodios de alta aversión global al riesgo han tenido claras decisiones de política como puntos de inflexión. Tal es el caso de los programas de relajamiento cuantitativo en EU, el rescate griego, la declaración del Banco Central europeo como “prestamista de última instancia” de los más emproblemados de la periferia europea, etcétera.

En esta línea, no se avizoran cambios sustanciales en los catalizadores de la amplia volatilidad financiera internacional, al menos no asociados a una probabilidad significativa. Quizás el elemento que ha cambiado es el descenso de la probabilidad de que la Fed dicte nuevas alzas en su tasa de referencia en los meses inmediatos. Por el contrario, la expectativa de mercado ya la ha retrasado hasta 2017.

Desafortunadamente, este tipo de hechos que antes promovían una recuperación de las monedas emergentes frente al dólar, ahora parecen validar los riesgos sobre la actividad económica global, promoviendo así mayor debilidad cambiaria fuera de EU.

Tercero, todo el mundo emprende acciones para atender los riesgos impuestos sobre sus mercados y sus economías desde sus propias capacidades, con algunos claros incentivos perversos. Tal es el caso del fenómeno de guerra cambiaria que toma como pretexto el entorno actual para buscar un grado de debilidad cambiaria tal que consiga estimular a determinadas economías. Tal patrón se convierte en un juego de espejos donde el incentivo para algunos mercados emergentes está del lado de permitir la depreciación de sus monedas.

En un entorno así, las autoridades locales se encuentran ante un reto mayúsculo. Partiendo de la idea de que el proceso de depreciación del peso puede incrementar los riesgos de que se presenten episodios de funcionamiento desordenado de los mercados locales, el incentivo a actuar es claro. No obstante, las principales limitantes las imponen los riegos sobre el crecimiento económico local y el nivel de reservas (sobre el cual el FMI ha sugerido cautela). Más aún, la gran incertidumbre que rodea a qué tanto podrían complicarse las cosas en las semanas siguientes o al menos no mejorar, crea un incentivo claro a “administrar las municiones”.

En este sentido, mi propia lectura de las recientes declaraciones de diversas autoridades parece entender que se optará por una combinación de políticas complementarias que, por un lado minimicen el riesgo de que tengamos episodios de mercados desordenados y por otro busquen contener el proceso de ensanchamiento de diferenciales de tasas de interés.

El primer propósito podría atenderse vía los propios esquemas de intervención cambiaria y un perfil activo del Banco Central como formador de mercado en renta fija. En el segundo caso, los ajustes fiscales y de política monetaria parecerían las alternativas lógicas.

El autor es subdirector de estudios macroeconómicos y de mercados en la Dirección de Estudios Económicos de Banamex. Las opiniones expuestas son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la visión de Banamex.

Twitter: @joelvirgen

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