Opinión

¿Qué hacen las mascotas cuando las dejamos solas?

 
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The Secret Life of Pets. (www.youtube.com)

Presiento que mi flemático Basset Hound, al que bauticé con el nombre de Picas en honor a Octavio Picas Becerril, nomás se mete a su casa y se duerme. Así lo encuentro cuando vuelvo, enroscado en sí mismo, con sus enormes orejas como antifaz. La vida que llevan los animales de The Secret Life of Pets es más emocionante: se roban pollos y pasteles del refrigerador, hacen fiestas, escuchan heavy metal y ven telenovelas. Todos se divierten salvo Max (Louis C.K.), un Jack Russell Terrier que espera a que vuelva su dueña sin moverse un pelo. Su amor es tan exclusivo que evidentemente reprueba la llegada de Duke (Eric Stonestreet), un perro con aspecto de trapeador, su nuevo compañero. La rivalidad entre ambos terminará por arrojarlos a la calle, donde tendrán que encontrar el camino de vuelta al departamento, perseguidos por una pandilla de mascotas rechazadas, cuyo líder, Snowball (Kevin Hart), es un conejo en busca de venganza.

Al igual que Toy Story, The Secret Life of Pets, dirigida por Chris Renaud y Yarrow Cheney, imagina un mundo que despierta en el instante en el que cerramos la puerta. Ambas también cuentan con un personaje que se siente desplazado por el arribo de otro. No obstante, mientras que Toy Story registró el vínculo entre los juguetes y su dueño –y cómo ese lazo se estira y finalmente se rompe con la llegada de la adultez–, a la película de Renaud y Cheney no le interesa explorar las diversas relaciones que establecemos con los animales que viven con nosotros. La vida secreta de las mascotas resulta ser igual a la vida secreta de los seres humanos: comiendo a deshoras, organizando fiestas para no sentirnos solos y viendo programas ridículos en la tele. Toy Story buscaba abordar a Woody y Buzz como juguetes. Con la salvedad de Max, The Secret Life of Pets desconoce la animalidad de sus animales. Lo que quiere es entretener sin ambages, y mayormente lo logra.

The Secret Life of Pets
Director: Chris Renaud y Yarrow Cheney
Productores: Chris Meledandri, Janet Healy
País: Estados Unidos
Año: 2016

Aunque le toma tiempo, una vez que Snowball entra en escena la película se zafa la correa y arranca. Hay persecuciones a través de tuberías, sobre puentes y calles, y hasta una alucinación en un mundo repleto de salchichas que remite a aquel capítulo en el que Homero Simpson se imaginó caminando por una aldea de chocolate. Hay agilidad en la acción, una mezcla de elementos de Toy Story 3, Spider-Man y hasta The Lost World: Jurassic Park, pero no hay urgencia. A pesar de sus maromas digitales y su colorido, la secuencia final está a años luz de la persecución que concluye La dama y el vagabundo, menos espectacular, pero más dramática y memorable.

Uno de los aciertos de Pixar, el estudio detrás de las mejores cintas animadas de los últimos años, es que sus temas tienden a ser claros y concretos sin caer en moralejas fáciles. En contraste, The Secret Life of Pets roza muchos asuntos, pero tiene pocas opiniones. ¿Todos los animales quieren ser mascotas? ¿Todos los animales que son mascotas aman a sus dueños? ¿Puede un perro cambiar de lealtades? Apenas plantea la pregunta, la película interrumpe su propia respuesta con otra persecución u otro chistorete. The Secret Life of Pets revela a qué grado lo que hace Pixar es una hazaña. Durante la muerte de un amigo imaginario, Inside Out logra decir algo sobre la infancia y hacernos llorar, al mismo tiempo que los personajes luchan por volver a casa. El entretenimiento no tiene que sacrificar el sentimiento.

Twitter:@dkrauze156

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