Opinión

¿Qué hacemos con nuestra incredulidad?

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Paseantes en la Alameda. (Cuartoscuro/Archivo)

El presidente Peña no pudo ser más claro: “Hoy hay, sin dudas, una sensación de incredulidad y desconfianza… ha habido una pérdida de confianza y esto ha provocado sospecha y duda”, son las ya muy citadas declaraciones al Financial Times.

Pocos temas pueden ser más importantes para México que éste. La incredulidad va de la mano con la desconfianza y la sospecha de la duda.

Un dato que el Inegi emitió ayer refleja este hecho: la inversión productiva en México cayó en diciembre en 0.98 por ciento respecto a noviembre, con cifras desestacionalizadas. Se trata del mayor descenso mensual desde agosto de 2013, es decir, en 16 meses.

La inversión, como aquí le hemos comentado, se trata de una de las variables más sensibles a la expectativa. Aunque la tasa anual es relativamente elevada, de 5.5 por ciento, el comparativo mensual nos da ya una señal de alerta que no puede ignorarse.

El dato anterior simplemente refleja el hecho de que la incredulidad y la desconfianza no son meramente temas de ambiente social o político, sino que inciden de modo directo en la evolución de la inversión.

Si usted pierde la confianza en alguien y deja de creerle, ¿cómo cambia su percepción y recupera la confianza y la credibilidad?

El proceso es muy simple y además es universal. Primero se requiere el reconocimiento de los errores cometidos y el arrepentimiento auténtico. Y luego, que se muestre en los hechos un cambio. Esto vale para personas e instituciones.

Cuando los cambios se dan en cascada y por contagio, viene una ola de confianza que se retroalimenta y fortalece.

Si queremos cambiar el ambiente político y social que hay en México, se requiere que en algún punto se detone esa oleada de confianza. Y ahora no cabe el ya clásico: ¿y yo por qué?

Obviamente la desconfianza en el Ejecutivo o en el gobierno en general, no es la única. La hay también en múltiples ámbitos de la sociedad. Pero lo que cambió de hace más o menos un semestre a la fecha, es la que tiene que ver con el gobierno y con el Ejecutivo.

Y, debe reconocerse, como ya se está haciendo, que la desconfianza prevalece.

Pero eso es insuficiente, hay que ser claros de que la desconfianza no se va sola. Se requieren acciones para disolverla poco a poco.

No es muy difícil pronosticar que esta sensación va a prevalecer mientras el común de la gente no perciba algún cambio en algo relevante.

Un crecimiento de sólo 3.0 por ciento en la economía, como apunta hasta ahora el consenso; un proceso electoral desgastante que no va a traer cambios sensibles en la composición de la Cámara de Diputados, como sugieren las encuestas; un ambiente internacional de alta complejidad y volatilidad, no configuran un ambiente propicio para la recuperación de la confianza.

Por eso mi insistencia, que podría parecer necedad, de que sin un golpe de timón, o mejor dicho, sin una sucesión de este tipo de golpes, que impliquen ajuste de rumbo, además de cambio de personas y configuración de otro ánimo, no se va a crear el círculo virtuoso que crea la confianza.

Ni modo. Así es.

Twitter: @E_Q_

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