Opinión

Qué hacemos con el AICM… pero con el actual

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El gobierno de la Ciudad de México ha convocado a discutir qué debiera hacerse con las más de 700 hectáreas que quedarían libres una vez que se clausuren las operaciones en el actual terreno [del AICM], vecino del Peñón de los Baños. Ayer en EL FINANCIERO el secretario de Desarrollo Económico, Salomón Chertorivski, invitó a que los lectores se enteren de los primeros resultados de esa reflexión colectiva (http://bit.ly/21WisIP).

Sobra decir que, como se publicó aquí en torno al debate del Corredor Chapultepec, el método Chertorivski –fomentar debates sobre asuntos torales de la ciudad– es digno de encomio, sobre todo cuando el mismo jefe de Gobierno al que reporta Salomón es el que intenta privatizar espacio público –Chapultepec–, o decidir la cambiante ubicación de una Rueda de la Fortuna sin debate o consulta alguna. ¿Por qué a veces el gobierno capitalino recurre a la consulta y a veces la desdeña olímpicamente? Eso es un misterio manceriano, pero de ello no tiene culpa Chertorivski.

Lo que sí resulta notable es la tendencia de Miguel Ángel Mancera a proponernos el discutir proyectos antes que involucrarse en realidades. Qué bueno pensar en 2020, en el futuro, pero y qué hacemos para llegar ahí, cómo trazamos una ruta que sea congruente con eso, congruente con pensar en grande el porvenir de la ciudad cuando nadie se arremanga para lidiar con problemáticas del hoy, como las que representa la actual terminal aérea, esa que durará varios años más en funciones, así sea en pésimas condiciones.

Es cierto que nada obliga a Mancera a seguir los pasos de su antecesor Marcelo Ebrard, quien el sexenio pasado planteó que la capital tenía el derecho a administrar la terminal aérea (supongo que la mera comparación entre ambos generará urticaria en alguien en el viejo edificio del ayuntamiento).

Sin embargo, involucrarse en problemáticas del actual aeropuerto podría eventualmente dar al jefe de Gobierno, supongo, más autoridad para reclamar el ser tomado en cuenta por las autoridades federales a la hora de hablar del futuro de ese gran terreno.

Y no estoy hablando de involucrarse en temas internos de la terminal aérea, como son la asignación discrecional de espacios comerciales a marcas como Maison Kayser, que tuvo –y los papeles lo demuestran– trato preferencial a la hora de montar una sucursal en la Terminal 2, a saber si esa cómoda tarifa se debió en algo al hecho de que el hijo del actual director del aeropuerto, Alexandro Argudín, trabaja en esa empresa restaurantera.

Mancera podría involucrarse en, una vez más, asuntos que sí resultan clave para la ciudad, como la seguridad en el aeropuerto: ¿estamos seguros que es buena idea que policías del Estado de México –de CUSAEM– custodien la terminal aérea? ¿Hay convenio con el GCM para ello? ¿Por qué no se pidió a Policía capitalina ser parte esencial de esa vigilancia? Son preguntas.

No debemos olvidar que el jefe de Gobierno es el representante de los capitalinos, que constituyen, perdón por la obviedad, los principales usuarios/beneficiarios/afectados de la operación del Benito Juárez. No olvidar que nos representa, pues.

En todo caso, enhorabuena por el debate sobre el uso que se dé a esos terrenos cuando queden baldíos, pero junto con esa discusión –que ya fue desdeñada por el gobierno federal– deberíamos reclamar que el GCM también se involucre en lo que todavía viviremos –¿padeceremos?– al menos durante cuatro años en el actual AICM.

Como dijo alguien por ahí: señor Mancera, póngase a gobernar en el hoy, no sólo en el futuro. No son asuntos incompatibles.

​Twitter:
@SalCamarena

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