Opinión

Que el presidente vaya al Congreso

 
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Peña Nieto

Pablo Velázquez.
Investigador en Mexicanos Primero.

El pasado 23 de junio, el Secretario de Educación Pública (SEP) compareció ante la Comisión Permanente del Congreso de la Unión para explicar las razones para declarar la “suspensión indefinida” de las evaluaciones de ingreso, promoción y desempeño docente (una suspensión que luego fue suspendida por la Corte). La comparecencia, sin embargo, deja dudas sobre la aplicación de la Reforma Educativa. Hemos escuchado, una y otra vez, por parte de funcionarios públicos la falta de condiciones en algunos estados de la República para llevar a cabo la Reforma: que si el Censo Educativo, que si los concursos de ingreso y promoción, que si el descuento salarial de los días no trabajados por docentes.

Hoy estamos a dos meses de que el Presidente presente su tercer informe de gobierno, lo que representa una buena oportunidad para que recuperemos la confianza en su Administración. Ante la falta de credibilidad que el Secretario de Educación sufre actualmente, se hace primordial que el Presidente se pronuncie públicamente a favor de la Reforma Educativa, mejor aún si lo hace ante la Cámara de Diputados, y no en una sede alterna con asistentes afines al Presidente, donde todos asisten a ovacionar, no a cuestionar.

La toma de la tribuna del Congreso en 2006 para evitar la entrada del entonces Presidente Vicente Fox debilitó el contrapeso que el Poder Legislativo debe hacer al Ejecutivo en nuestro país. Fue tal el sainete de aquella legislatura que, en 2008, se reformó el artículo 69 de la Constitución para hacer innecesaria la comparecencia del Ejecutivo ante el Congreso y ahora sólo se requiere la presentación de un informe por escrito. En 2012, el diputado federal perredista Fernando Belaunzarán presentó una iniciativa de ley que pretende establecer que el Presidente de la República comparezca personalmente ante el Congreso. Esta iniciativa, como tantas otras, parece que fallecerá con la actual legislatura el próximo 31 de agosto.

¿Por qué considero necesario que el Presidente vaya al Congreso? Primero, en una democracia eficaz, el Presidente debe tener un contrapeso a sus decisiones. Debe rendir cuentas públicamente y saber que las acciones emprendidas en su Gobierno serán juzgadas, evaluadas y, en caso necesario, sancionadas por los otros Poderes. Al respecto, el Presidente, como máxima autoridad del Ejecutivo, debe enfrentar la responsabilidad de explicar el comunicado unilateral de la SEP del pasado 29 de mayo que puso en vilo su propia Reforma Educativa, una de las más aceptadas por la sociedad, al mismo tiempo que violentó la autonomía del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE).

Segundo, las preguntas sobre el avance de la reforma educativa abarcan más allá del ámbito de competencia de la SEP: ¿Conoce el Presidente lo que sus colaboradores en la Secretaría de Gobernación pactan con la CNTE? ¿Está de acuerdo? ¿Hasta cuándo el Presidente antepondrá el interés de los alumnos al interés político? ¿Qué estrategia de seguridad tiene su Gobierno para que la reforma se implemente en todos los estados de la República y que el conflicto magisterial no desemboque en un problema social? ¿Qué acciones toma el Presidente para hacer cumplir la Ley Educativa en las entidades federativas, especialmente con aquellos Gobernadores que titubean en (o estropean) su aplicación? ¿Cómo propone invertir recursos federales en apoyo a los maestros y a las escuelas?

Son bastantes preguntas sobre un tema toral para seguir sin tener respuestas claras de nuestros representantes electos. De aquí al 1º de septiembre se acumularán más. Por estas razones, es imprescindible que el Presidente vaya al Congreso en 60 días.

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