Opinión

Que el mercado formal
no produzca pobres extremos

Así se puede resumir la propuesta de aumento en los salarios mínimos formulada por el jefe de Gobierno de la ciudad de México: el trabajo en la economía legal debe ser suficiente para adquirir la canasta de alimentos diarios en 2015. Punto.

¿Lo ven? No estamos hablando de “alguna cifra” tomada al vuelo; tampoco de un modelo econométrico hecho a modo, ni el deseo bienintencionado de un izquierdista económico: es que Coneval –el organismo especializado en México– ha situado en 82.86 pesos el ingreso mínimo diario para el sustento alimentario de dos miembros en un hogar típico en nuestro país.

La propuesta es objetiva, mensurable, construida con rigor por el Coneval mucho antes que se desplegara el debate nacional sobre el salario mínimo. Y es estrictamente económica, en el sentido más clásico, porque es garantía de la reproducción del propio empleado (“el umbral del salario debe permitir a los trabajadores subsistir y perpetuar su raza”, en palabras de David Ricardo).

Se trata de un aumento moderado y prudente: 15.5 pesos en el primer año y por si fuera poco, acompañado de una serie de medidas de precaución: separando a los salarios mínimos de la determinación de cualquier otro precio (multas, tarifas, cuotas, pensiones, etcétera), constituyendo una comisión interinstitucional para monitorear la política de recuperación y sus efectos, y cambiando la fecha en la que se emite el decreto de lo salarios mínimos, de tal suerte que las negociaciones contractuales hayan ocurrido antes de que se defina el aumento para los trabajadores más pobres.

No hay obstáculo jurídico y técnico que no se pueda superar en este mismo año. Por fortuna, el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, en colaboración con el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), han puesto en manos del Congreso de la Unión un estudio completo sobre el conjunto de leyes federales del país, pensado para liberar al salario mínimo en el corto plazo.

Se trata de una reforma constitucional quirúrgica, suficiente para que las leyes del país –del orden federal y local– dejen de abusar del salario mínimo, obligándolo a cumplir funciones para las que no está hecho. Precisamente, este fue el paso que dio la ciudad de México y la Asamblea Legislativa, y lo hizo por unanimidad. Y no por casualidad, esta fue la propuesta enviada por el presidente Peña Nieto, cuya aprobación se celebró en la Cámara de Diputados.

Una vez que el Senado y 16 congresos locales voten esta iniciativa de absoluto consenso, la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos estará en condiciones de discutir su decreto anual sin resignación y sin ataduras artificiales, por primera vez en casi ¡30 años!

Es justo el debate que sigue: liberado el salario mínimo, ¿cuál es el monto del incremento factible? Algunos hablan de porcentajes más o menos arbitrarios (el doble que la inflación esperada; 10 por ciento; 20 por ciento, etcétera). No obstante, todas esas cifras no pueden esconder el peso y la gravedad de lo señalado por Miguel Ángel Mancera: el mercado laboral formal de México está produciendo pobres extremos, y esa es otra forma de violencia.

El mismo presidente Enrique Peña Nieto lo reconoció en su discurso del 27 de noviembre: la fractura social y las situaciones extremas no se explican sin esos contextos depauperados y sin oportunidades de salida de la pobreza.

Acordemos.Un incremento abrupto, sin un conjunto de acuerdos y mal calculado seguramente traería consecuencias nocivas para el conjunto de la economía. Por el contrario, un aumento del salario mínimo bien elaborado, deliberado, fruto de un acuerdo, respaldado por estudios técnicos y por la evidencia reciente, acompañado de un conjunto de políticas y monitoreado a través del tiempo por instancias imparciales y objetivas, hacen absolutamente viable una alza significativa en el salario mínimo de un país.

Aumentar los mínimos no es una medicina que curará todos los males de la economía nacional, pero sin duda un mayor salario en el sector formal es una poderosa señal para el cúmulo de mexicanos que se ocupan en la informalidad. Como lo enseña la experiencia del mundo: volver relevante al salario mínimo es volver relevante la economía formal.

Incrementar el salario mínimo se erige como una oportunidad para que el Estado, los empresarios y los sindicatos construyan una demostración inequívoca de su compromiso con el país y la cohesión social. Un mensaje que necesita con urgencia el entristecido y convulso ánimo de la nación.

* El autor es presidente del Instituto de Estudios para la Transición Democrática.

Twitter: @ricbecverdadero