Opinión

Qué debemos esperar del paquete económico 2016

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El próximo 8 de septiembre el Ejecutivo debe presentar a la nueva Legislatura, que se instala oficialmente el día de mañana, el paquete económico 2016.

En esta especial ocasión, el paquete económico representa la segunda parte del mensaje que complementa a la estrategia política plasmada recientemente con los cambios en el gabinete, de cara al arranque de la segunda mitad de esta administración, con miras a la sucesión presidencial para 2018. No se trata de presupuestar un ejercicio más, sino de fijar las bases en materia de política fiscal para poder lograr resultados tangibles para la sociedad en lo que resta del sexenio.

La economía acumula un crecimiento inferior a 2.0 por ciento anual durante los tres primeros años de esta administración. Un crecimiento decepcionante, sobre todo si consideramos las reformas ya aprobadas que nos deberían de dar un mayor crecimiento inmediato ante las expectativas de flujos de inversión que implican.

¿Que debemos esperar de este paquete económico? Considero que debemos de ver cinco principales elementos:

El primero es que deben plantearse metas realistas. Lo segundo es que el gobierno debe continuar disminuyendo el déficit fiscal; no podemos seguir creciendo con más deuda. El tercer elemento es que la política fiscal debe convertirse en una política impulsora de la inversión y el empleo. El cuarto aspecto es que debe visualizarse un claro esfuerzo por eficientar y racionalizar más el gasto público. El quinto factor es que se debe tener una estrategia mucho más asertiva para lograr una mejor rendición de cuentas y una mayor honestidad en el manejo de los recursos públicos en todos los ámbitos de gobierno.

A diferencia de las tres administraciones anteriores, el gobierno actual cuenta, junto con sus aliados políticos, con una cómoda mayoría en el Congreso que le permite obtener las aprobaciones que necesita para lograr sus propósitos.

En cuanto a las metas para 2016, sería poco creíble plantear aspiraciones de crecimiento elevadas sin los fundamentos necesarios para lograrlo. El entorno global para los próximos años luce más que complicado. Estamos viviendo un crecimiento global muy reducido, con riesgo de deflación todavía latente en varias regiones. La economía de China se está desacelerando, propiciando un mayor debilitamiento en los commodities y en los hidrocarburos. En los años próximos vamos a estar ya inmersos en el proceso de normalización de las tasas de interés. Una meta de crecimiento del PIB superior a 3.0 por  ciento podría sonar ambiciosa para 2016.

Mantener sanas las finanzas públicas es un principio que no podemos abandonar. En una economía abiertamente integrada a la globalización, y con una captación de impuestos todavía muy limitada, sería suicida abrir la puerta falsa de la deuda para complementar los recursos fiscales necesarios para mantener un gasto creciente. Podríamos recibir una rebaja en la calificación de la deuda que nos podría llevar a un círculo vicioso de mayores tasas de interés, menores flujos de inversión financiera y directa, menor crecimiento, mayor déficit fiscal, mayor deuda, y menores calificaciones.

El tercer elemento resulta el principal ingrediente para poder acceder a tasas de crecimiento superiores para los siguientes años. Si la política monetaria, la del Banco de México, estará supeditada en los siguientes años a la de la Reserva Federal, en la fase de normalización de las tasas de interés, implícitamente adoptará un sesgo restrictivo. Por esto, el otro brazo de la política económica, la política fiscal, no puede limitarse a reducir el gasto público en la medida en que se esperan precios bajos del petróleo por varios años más. Si es posible, dar incentivos fiscales a la inversión y al empleo y al mismo tiempo incrementar sustancialmente los ingresos públicos.

En el cuarto elemento vemos que no es suficiente hacer un Presupuesto base cero para lograr una mayor racionalidad en el ejercicio del gasto público.

El quinto elemento es también crítico. Un código de ética fuerte, la adopción de prácticas de gobierno corporativo en las entidades gubernamentales, y fuertes sanciones a los funcionarios corruptos.
Por último, es imprescindible incrementar la competencia en el sistema financiero. De aquí que debe destacarse como positiva la aprobación al banco sudcoreano Shinhan para abrir operaciones en México. Proceso asesorado por la firma mexicana Grupo Equilibrio.

Correo: eofarrills@bursametrica.com

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