Opinión

¿Qué anticipa la caída de la producción industrial?

 
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Agustín Carstens, gobernador del Banco de México (Banxico) [Cuartoscuro/Archivo]

La producción industrial cayó sorpresivamente en mayo al reportar una contracción de 0.9 por ciento con respecto a similar mes del año pasado, cuando el promedio de las expectativas esperaba que creciera al menos en 0.5 por ciento. Este resultado obligará a repensar la perspectiva de la economía mexicana para el cierre del año y probablemente para 2016, lo cual pone nuevamente en aprietos al Banco de México respecto al dilema de si subir o bajar la tasa de interés de política monetaria.

A fines de la semana pasada el Inegi dio a conocer que después de un año la producción industrial volvió a caer en México, esta vez a consecuencia de la contracción de la producción minera (-8.9 por ciento) y la fuerte desaceleración de la producción manufacturera (0.8 por ciento) y de la construcción (1.6 por ciento).

Si bien parte de dicha contracción obedeció al registro de un día menos de trabajo en mayo de este año con respecto al mismo mes del año pasado, las cifras que corrigen este fenómeno muestran aún que la producción industrial se contrajo 0.4 por ciento con respecto a abril, vale decir -4.7 por ciento en términos anualizados.

Con este resultado, en el bimestre abril-mayo la producción industrial apenas creció 0.14 por ciento, en tanto que durante los cinco primeros meses del presente año lo hizo en 0.94 por ciento, cifras ambas que muestran una extraordinaria debilidad de la actividad industrial.

En función de este resultado, es posible estimar que la actividad económica en su conjunto (IGAE) habría crecido por debajo de 0.4 por ciento en mayo, que aunado al 2.1 por ciento de crecimiento de abril permite inferir que el crecimiento del PIB en el segundo trimestre bien podría ubicarse alrededor de 1.5 por ciento anual, muy por debajo del 2.5 por ciento que espera el promedio de los economistas consultados por el Banco de México en su última encuesta mensual. Cabe mencionar, al respecto, que en junio algunas cifras oportunas de las ventas al menudeo observaron una importante desaceleración, tal como las ventas mismas tiendas de Walmart que de crecer 5.5 por ciento en promedio en los cinco primeros meses del año redujeron su dinamismo a 3.6 por ciento en junio; en tanto que las ventas de los establecimientos afiliados a la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicios y Departamentales (ANTAD) pasaron de 5.6 a 5.0 por ciento.

Como es de esperar, estos posibles resultados obligarán, llegado el momento, a revisar las cifras del crecimiento no sólo pare este año, sino también para 2016.

Los resultados de la producción industrial de mayo también permiten inferir que en dicho mes se registró una importante desaceleración de la inversión física, misma que de haber registrado un crecimiento promedio de 5.3 por ciento durante los cuatro primeros meses del año, habría mermado su ritmo de expansión a alrededor de 2.5 por ciento.

En función de lo anterior, es probable que los funcionarios de la Junta de Gobierno del Banco de México hayan incrementado su nivel de preocupación sobre la desaceleración de la economía, lo cual debe haber revivido el dilema de si reducir o aumentar la tasa de interés de referencia.

La combinación de una inflación controlada y por debajo del objetivo (2.8 por ciento vs. 3.0 por ciento objetivo) con un proceso de desaceleración económica, aconsejaría bajar la tasa de interés de política, con el objeto de favorecer la recuperación económica. Esto toma mayor relevancia en circunstancias en que la política fiscal está a punto de tornarse pro cíclica, profundizando así la desaceleración.

Por otro lado, la posibilidad de que la Fed aumente pronto su tasa de interés de referencia obligaría al Banco de México hacer lo propio si es que no quiere observar una posible depreciación desordenada del tipo de cambio, con los consiguientes efectos nocivos sobre la inflación.

Si bien el Banco Central ha dado señales suficientes de haber optado por esta segunda alternativa, la desaceleración de la economía obligará necesariamente a revaluar su decisión.

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