Opinión

Que 18 años no es nada

 
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AMLO. (Especial)

Andrés Manuel López Obrador aparece prácticamente en todas las encuestas como el puntero en intención de voto, con una preferencia efectiva que se mueve entre 29 y 35 por ciento aproximadamente.

Pero también aparece como el más conocido, entre todos los aspirantes de todos los partidos, con niveles de reconocimiento de más de 90 por ciento.

Ambos porcentajes se pueden explicar por el hecho de que será candidato a la Presidencia de la República por tercera vez consecutiva y acumulará más de 20 años de ser una figura política prominente en el país, desde que encabezaba el PRD, a finales de los 90.

Algunos piensan que se trata de una ventaja inalcanzable. No hay ningún otro aspirante presidencial que se le acerque en el tiempo que lleva en una virtual campaña.

Y, hay quien se apoya en ese hecho para diagnosticar la inevitabilidad de su triunfo el próximo año.

El razonamiento tal vez hubiera sido válido en otros tiempos. Hoy, sin embargo, la existencia de nuevos medios de comunicación y difusión hace las cosas diferentes.

En la primera campaña presidencial de López Obrador, en 2006, había cerca de 12 millones de usuarios de internet mayores de 18 años. En el 2012, esa cifra había subido a 26.3 millones. Pero el dato más reciente del Inegi indica que la cifra en 2016 fue de 46.2 millones, poco más de las dos terceras partes del padrón electoral.

Este hecho y el crecimiento de las redes sociales permiten que el posicionamiento de cualquier aspirante sea hoy mucho más rápido que en el pasado.

Es decir, la ventaja que dan muchos años de campaña tiende a diluirse, pues el nivel de conocimiento se puede alcanzar mucho más rápido que apenas hace poco tiempo.

Los candidatos que tienen un alto nivel de conocimiento tienen menos probabilidades de incrementar de manera importante su intención de voto.

No es imposible, pero se requiere persuadir a electores que hoy ya conocen a un aspirante que se convertirá en candidato y que en este momento no votarían por él, a que cambien su preferencia.

Los aspirantes que en este momento tienen menor nivel de conocimiento, tienen precisamente esa desventaja. Pero, actualmente existen más recursos para remontarla con rapidez.

Y quienes tienen hoy menor nivel de conocimiento, tienen el potencial de atraer las simpatías de los electores que hoy no los conocen.

Desde luego que un mal candidato y una mala campaña puede conducir a que el incremento en el nivel de conocimiento implique incluso una reducción de las preferencias.

Fuera de Morena, todas las otras fuerzas políticas se debaten en este momento en una contienda en la que el punto clave es la identificación de los aspirantes que tengan más posibilidad de crecer con una campaña adecuada.

Quienes piensen que la definición de los candidatos será en función de la posición que hoy tienen en las encuestas, se equivocan de todo a todo.

La clave es la habilidad para proyectar la fotografía que las encuestas reproducen hoy en la película que se va a proyectar en los próximos meses.

Y, contra todo lo que se diga, en las elecciones presidenciales, lo que importa es el hombre (o la mujer), mucho más que el programa.


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