Opinión

Pymes y un México sin analfabetas

 
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Es evidente que la existencia de 10 millones de mexicanos que aún no saben leer y escribir es una verdadera vergüenza nacional. A este ejército habría que sumarle 33 millones de mexicanos que viven en rezago educativo; es decir, no han sido capaces de terminar la primaria, la secundaria o la preparatoria.

Para incrementar el pesimismo de estos datos es importante destacar que el rezago al que refiero, lejos de estabilizarse o decrecer, en México aumenta.

Una pena que ninguno de los precandidatos a la presidencia hayan hecho hasta el momento un compromiso elemental: en seis años trabajaremos porque México erradique esta calamidad. Cierto que hay otras razones como son la pobreza, la inequidad en la distribución del ingreso, la salud, en fin, pero en cien años, de 1917 a 2017, el analfabetismo permanece en territorio nacional.

Vencerlo no será tarea sólo del gobierno federal, de los estatales o municipales. No será sólo responsabilidad de la sociedad civil o del sector privado. Tendrá que ser una acción nacional en el que participemos todos. En seis años será perfectamente factible pensar en que los mexicanos, todos, serán capaces de leer y escribir y la brecha de rezago educativo será abatida.

El presidente de la fundación Más por México, Uriel de Samaniego, un joven que ha iniciado una organización que pretende contribuir al abatimiento del rezago educativo y el analfabetismo, asegura que si el gobierno federal se lo propusiera ahora, antes de 2020 México sería un país sin esta característica entre su población. Pero falta voluntad política.

Cómo podemos entender que haya gobiernos estatales que se dicen preocupados, interesados y comprometidos por abatir en analfabetismo y reducir el rezago educativo en sus entidades, y salgan con el pretexto de que no pueden avanzar en el terreno "porque no hay partidas etiquetadas para el concepto" (what ever that means).

Inconcebible que se esgriman estos argumentos cuando hay a la vista y a la mano programas certificados que garantizan que en 80 horas una persona que dejó trunca la primaria o la secundaria puede concluir esos estudios o que con 90 horas más pudiera terminar la preparatoria.

Están ahí las metodologías y el avance tecnológico necesario para hacer más eficiente la tarea de incorporar a la lectura y escritura a quienes no pudieron aprender a hacerlo en los años en los que es regular conseguirlo.

El Colegio Nacional de Matemáticas, el Conamat, tiene 26 años de experiencia en la tarea de revertir el rezago. Cuenta con las tecnologías y la experiencia, así como el reconocimiento internacional para incorporarse a un reto mayúsculo como lo representan las cifras que al principio se han publicado.

Tan sólo al lado de la fundación Más por México han conseguido recuperar del rezago educativo, en un año, a medio millón de mexicanos y es factible hacer un trabajo para que hasta dos millones de personas se incorporen a estos procesos.

Ciertamente todo sería más sencillo si las empresas cooperaran en este reto.

Cito un ejemplo del que recién me han informado y que pocas personas conocen. El consorcio GINgroup, que atiende a una plantilla directa de ocho mil trabajadores y una indirecta (mediante la administración integral del capital humano de cuatro mil clientes) de 155 mil personas, ha concertado una alianza con Más por México para que al término de 2018 no haya un solo trabajador en ese consorcio directo que no haya concluido sus estudios de primaria, secundaria o preparatoria.

Simplemente se recuerda ese complejo empresarial, GINgroup, que encabeza Raúl Beyruti,  invierte 10 millones de pesos mensuales para mantener a 300 de sus trabajadores becados en algún nivel escolar y que la Ley Federal del Trabajo señala claramente que las empresas deben de impartir 40 horas mensuales para la capacitación de sus trabajadores.

Más de 90 por ciento del complejo micro y pequeño, dentro del segmento empresarial mexicano, pasa por alto la letra de la ley mencionada. Pudieran dedicar esas 40 horas para que en un acumulado de 80 horas los trabajadores sin primaria o secundaria terminada consigan concluir ese ciclo escolar y en 90 horas lleguen a acreditar la preparatoria como antes mencioné.

El ejemplo de GINgroup no es sólo para destacar el que haya un consorcio mexicano con esa voluntad sino que se puede hacer y que hay muuuchos consorcios con tanta o mayor posibilidad que no hacen nada en favor de sus trabajadores con rezago educativo.

Y en ese sentido tendría que valorarse que en este magno reto, cuando haya voluntad política para revertir de manera definitiva el rezago educativo y el analfabetismo, las Pymes tendrán que cumplir un papel vital. Será más complejo para ellas sumarse a la cruzada en contra del analfabetismo y el rezago educativo, pero será más sencillo distinguir entre su breve base de trabajadores a aquellos mexicanos o mexicanas que hayan truncado sus estudios.

Revertir esas calamidades no sólo es un deber para con otro mexicano, sino que incrementa la posibilidad de que el trabajador aspire a un mejor futuro y mejore el bienestar de su familia. Para el país presupone un incremento de la productividad y una perspectiva de mejor desempeño de la economía.

Pero olvide el aspecto macroeconómico. Es una cuestión de elemental solidaridad humana o mexicana. ¿No es argumento suficientemente sólido?

Twitter: @ETORREBLANCAJ

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