Opinión

¡Puuuuto!

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil se enteró de que la FIFA analizaba la posibilidad de sancionar a las selecciones de México y Brasil por las conductas homófobas de sus aficionados en los estadios brasileños. La FIFA se refiere al grito de batalla que se oye en los estadios mexicanos cuando el portero rival despeja el balón y la afición grita: ¡puuutoo! Gil caminó sobre la duela de cedro blanco y caviló: pinches directivos de la FIFA, no sean putos. ¡Oh, no!, perdón, Gamés ha cometido una falta espantosa y ha denigrado a los homosexuales del mundo.

Ya en serio: no nos pongamos la sotana de las causas nobles, se trata de un grito en un estadio; por cierto, esa palabra es lo más decente que se dice a la hora del juego. Gamés recuerda estos gritos oídos en el graderío: ¡Cuauhtémoc! ¡Dice Galilea que tienes pito de jalea! O este otro: “¡Lapuente: dice la gente, que tienes pelona de pito impotente!”. Con la pena, pero en los estadios se oyen estas cosas y otras aún más cañonas. Gil casi aseguraría que el lenguaje es la válvula de escape para evitar la violencia en los estadios. Gamés no les recomienda que vayan a un estadio si no están dispuestos a escuchar horribles dichos y dichas que en las universidades norteamericanas se castigarían con la expulsión.

Ni tanto que queme al santo

De inmediato, como las monjas que aparecen inopinadamente en los cruceros, el Consejo para Prevenir la Discriminación ha dado a conocer un documento donde le exige a la afición que no utilice más la palabra puto en los estadios: “Los gritos homofóbicos lo que buscan es intimidar y denigrar al portero o al equipo contrario”. Anjá. Cómo se ve que nunca ha jugado, ni por casualidad, una cáscara. Este ataque a la discriminación se llama “Defensa de la tía Eduviges”: no griten palabrotas, no se abracen en los goles, ya esténse. Con este Conapred estamos fritos, no sabe diferenciar entre una discriminación, una ofensa racista y un grito en un estadio. Que la Femexfut invite a estos funcionarios a un partido de México, digamos el que se jugará contra Croacia. ¿Saben ustedes qué gritarán los funcionarios en el punto más alto de la emoción? Le gritarán al portero rival esto: “¡Puuutoo!”.

Para el director del Conapred, las directivas de los clubes deportivos mexicanos incurren en una falta por omisión pues “este tipo de conductas podrían degenerar en violencia”. Para fortuna de todos los aficionados al futbol, a los porteros les gritan puto desde mucho tiempo atrás y nunca ha ocurrido un acto violento desprendido de ese grito. El problema con los funcionarios de la Conapred es que se sienten un poco santos. Mala señal. Nada más falta que el señor Bucio nos tire la aburridora del pan y circo. No por Dios, no lo haga señor Bucio.

Oigan este párrafo desprendido del comunicado del Conapred. “Se tendría que dar cierto aviso a la tribuna porque tiene una afectación concreta en la vida de las personas, no es un tema inocuo. Esta expresión tiene una carga de desprecio y de minusvaloración”. Y dura y dala, perdón: y duro y dale.

En el campo

Gil le tiene malas noticias al señor Bucio, si en las gradas se dicen unas cosas tremendas, los jugadores en el campo de juego profieren las más hirientes ofensas acerca de la sexualidad, la familia, la madre, el padre del jugador rival. Vistas así las cosas, quizá convendría prohibir el futbol, un deporte de suyo violento, que alienta la discriminación y los abrazos entre los jugadores cuando hay gol y cuando no hay gol, lo cual lo vuelve realmente sospechoso. Conclusión: no la hagan de tos.

La máxima de Fenelon espetó dentro del ático de las frases célebres: “La verdad es la hija del tiempo, no de la autoridad”.

Gil s’en va