Opinión

Promesas de campaña

 
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Alfredo del Mazo. (Cuartoscuro)

Dicen por ahí que prometer no empobrece. Nunca más evidente que en las campañas políticas. Este año cuatro estados del país tendrán elecciones. Las evidentes son las que tendrán el Estado de México, Coahuila y Nayarit para escoger gobernador, pero no se nos olvide que en Veracruz habrá elecciones en sus 212 municipios. Sólo son cuatro estados, pero entre ellos concentran 18.5 por ciento del PIB, 23.8 por ciento de la población del país y 23.2 por ciento del padrón electoral.

Dado su peso político, las elecciones en el Estado de México, y por ende, las campañas que están llevando a cabo los candidatos de los diferentes partidos, son más visibles que las campañas en los otros estados.

Las promesas 'populistas' (ahora que se usa tanto el término) son comunes en prácticamente todos los procesos electorales de cualquier nivel. Desde las propuestas en las campañas estudiantiles —taquizas, camisetas de obsequio con el logo de la planilla, fiestas con barra
libre— hasta las presidenciales, todas caen en promesas que pueden convertirse en propuestas no sólo demagógicas sino verdaderamente dañinas en caso de que se lleven a cabo.

La candidata por el PAN a la gubernatura del Estado de México propone una beca para todos los mexiquenses que vivan lejos de su lugar de trabajo. No es una beca. Las becas son recursos enfocados a realizar estudios o investigaciones. Pero llamarle beca suena mejor que decirle subsidio. Beca suena a mérito, subsidio suena a distorsión.

En un estudio de Fernando Pérez Cervantes, publicado por Banco de México, se demuestra que los trabajadores asalariados que se trasladan a municipios distintos al municipio en el que viven, ganan, en promedio, 30 por ciento más que los trabajadores que trabajan donde viven. En el mismo documento, Pérez Cervantes menciona que en 2015 ocho millones de trabajadores asalariados en México lo hacían en un municipio distinto al de su residencia, es decir, cerca de 20 por ciento de los trabajadores asalariados. La duración del traslado para la mayor parte de estos trabajadores se ubica entre 31 y 60 minutos por viaje, equivalente a entre cinco y 10 horas a la semana. El movimiento de trabajadores de un municipio a otro permite enfrentar choques a la productividad en los municipios de residencia.

Vázquez Mota propone darle recursos para transporte a todos los habitantes del Estado de México que vivan lejos de su lugar de trabajo. No importa, por el momento, si no se ha definido cuál será la forma en la que se determinará si alguien vive lejos —¿distancia o tiempo?—, ni siquiera de dónde saldrían los recursos para pagarlo. Suponiendo, sin conceder, que eso se resuelve, lo que sí importa es que es una medida que generaría distorsiones en la conducta de los trabajadores. Se estaría subsidiando a los trabajadores que ganan más que aquellos que no se desplazan.

No entender las razones económicas atrás de los desplazamientos de las personas a sus fuentes de empleo puede resultar en malas decisiones de política, caras e ineficientes. Como diría Santiago Levy “buenas intenciones, malos resultados”. La opción sería —aunque suene evidente— la inversión en infraestructura que disminuya los tiempos de traslado hacia los centros de trabajo con mayor productividad.

La candidata del PAN también promete (promesas no son necesariamente propuestas) crear 10 mil empleos al mes, que además estarán bien pagados y que estarán cerca del lugar de residencia. El Estado de México tendría que generar 166 mil 600 empleos al año para darle cabida a la población que se incorpora al mercado laboral. El año pasado sólo creó 58 mil. Así que crear 10 mil al mes no suena mal. Lo que no explica es cómo crearlos. No se crean empleos por decreto y es evidente que esos empleos tampoco deberían de provenir del sector público.

El candidato del PRI, Alfredo del Mazo, opta por los colores. Propone un salario rosa y una universidad rosa. (¿Cuándo dejaremos de usar los colores como distintivos de género?) Si gana Del Mazo, promete darle a todas las amas de casa mexiquenses un sueldo (¿no será más bien una transferencia?) de mil 200 pesos al bimestre, 20 pesos diarios. Evidentemente no especifica de dónde saldrán los recursos, pero al final del día son recursos que pagan los contribuyentes, no sólo los del Estado de México, sino los de todo el país.

En la misma línea promete crear una universidad rosa para prevenir la violencia contra las mujeres. El primer objetivo de esta universidad será proteger los derechos de las mujeres para que tengan una vida libre de violencia y el segundo que alcancen sus sueños. Quizá hablar de educación de calidad y con perspectiva de género para garantizar el acceso de las mujeres al colegio, desde niñas, no se vende tan bien como proponer una universidad colorida.

Supongo que nada cambiará y que seguiremos viendo este tipo de campañas con promesas poco estudiadas y mal desarrolladas. Nuestro deseo de satisfactores de corto plazo les da carta abierta a los candidatos para prometer lo que sea mientras sea tangible y de preferencia que pueda tener un logotipo. Parece que resolver los problemas de raíz es demasiado complicado, mejor seguir pensando en medidas asistencialistas que nada resuelven, pero que son paliativos temporales. Seguimos tapando el sol con un dedo.

Puede ser que prometer sí empobrezca.

La autora es profesora de Economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter: @ValeriaMoy

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