Opinión

Prohíban los estacionamientos

  
1
  

 

Estacionamiento público. (Cuartoscuro/Archivo)

En Nuevo Polanco acaba de surgir un condominio, de nombre Miyana, que manda pagar publicidad para presumir que tendrá oficinas en renta con mil 100 espacios de estacionamiento (Reforma 28/11/16).

Tenemos que desaprender que un lugar que anuncia estacionamientos es una cosa buena. Porque hoy los estacionamientos son como los segundos pisos: una no solución.

En estos días que en la capital se habla sobre movilidad y sustentabilidad urbanas, vale la pena atender las propuestas que plantean un cambio de modelo de estacionamientos.

Recientemente, tanto la asambleísta del PRI Dunia Ludlow, como el secretario de Desarrollo Urbano y Vivienda, Felipe de Jesús Gutiérrez, en sendas iniciativas proponen que la CDMX pase de ser una ciudad donde a los inmuebles se les obligue a poner un número mínimo de cajones de estacionamiento, a una donde sea al revés: que se ponga un número máximo de cajones (y que éste sea muy bajo), y aquellos que quieran construir más espacio para estacionar paguen por ello. Como en el mundo desarrollado, pues. Por cierto, el PAN también tiene una iniciativa al respecto y el PRD, en voz del asambleísta Raúl Flores, logró que en Donceles aprobaran un exhorto al respecto.

En otras ciudades la asignación a espacios de estacionamiento es mínima. En Londres, dos de los edificios de oficinas más grandes tienen menos de 50 cajones, mientras que aquí, edificios de 60 pisos tienen hasta 10 mil cajones (Fuente: Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo ITDP). En América Latina, Sao Paulo ya caminó en esa dirección: de mínimos a máximos.

Instituciones especializadas en el tema de movilidad han demostrado que los requisitos de estacionamientos propician el uso del automóvil particular (ídem).

Ello impactaría en nuestros trayectos que son, en promedio, 60 por ciento más tardados que en otras ciudades (Tom Tom, Traffic Index 2016 Ranking), por lo que los capitalinos pasamos hasta 24 días al año en el tráfico (WRI- World Resources Institute-México).

Hoy la Ley de Establecimientos Mercantiles ofrece, como alternativa a los espacios de estacionamiento, que los negocios contraten acomodadores o valets que se apropian de la calle para operar, 'alternativa' que se ha convertido tanto en un gran foco de tensión de la convivencia vecinal, como en un poderoso negocio cuya regulación siempre escapa, con sospechosa facilidad, a las instituciones.

Además, los estacionamientos representan un uso ineficiente del espacio. Según el tipo de construcción, el estacionamiento llega a ocupar áreas inmensas: en comercios, hasta 40 por ciento de su superficie; las unidades habitacionales destinan 30 por ciento y las oficinas emplean en promedio la mitad de su superficie (ITDP).

Si se liberara ese espacio, podrían construirse más metros para convivencia ciudadana, o para uso comercial o habitacional. Y las inmobiliarias tendrían menos 'incentivos' para destruir patrimonio en las colonias que más padecen la saturación.

A juicio de estudiosos del tema, legislar para mejorar la movilidad implica normar integralmente todos los aspectos que la afectan, y los atascos no son generados sólo por la decisión de todos a usar el auto, sino porque cualquier automovilista sabe que al llegar al lugar no tendrá problema, entre comillas, al estacionarse: la realidad es que sí tendrá problemas, como son la saturación misma en el trayecto y el destino, por ende la inversión de mayor tiempo y, circularmente, el pago de caros estacionamientos o valets. No es raro que en ocasiones el valet o parqueadero cueste más que la tarifa de un Uber para ese trayecto.

Finalmente, cambiar de mínimos a máximos en estacionamientos debería destrabar esa trampa tipo el-huevo-o-la-gallina para obligarnos a mejorar y ampliar el transporte público.

Twitter: @salcamarena

También te puede interesar:
Los logros de noviembre
El PRI y la corrupción, ver para creer
Lucha anticrimen, por lo menos sean serios