Opinión

Presupuesto y crecimiento

 
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ME. La metáfora de la industria automotriz.

Abraham Lincoln (1836) afirmó “De resultar electo, consideraré que todos los habitantes de Sangamon son mis electores, tanto aquellos que me hayan apoyado como aquellos que se me hayan opuesto. Mientras sea su representante, mis acciones estarán guiadas por su voluntad, en todos aquellos aspectos en que tenga los medios para saber cuál es; en los demás, utilizaré mi mejor juicio para actuar a favor de sus intereses”.

El artículo 51 de nuestra Constitución Política establece que la Cámara de Diputados se compone por representantes de la Nación, y tiene dentro de sus facultades exclusivas (artículo 54 fracc. IV): aprobar anualmente el Presupuesto de Egresos de la Federación, previo examen, discusión y, en su caso, modificación del Proyecto enviado por el Ejecutivo Federal.

Resulta por demás preocupante que el llamado Presupuesto Base Cero que resultaría histórico; haya caído en la falta de análisis real y por una deformación del deber del legislador (no por primera vez), al aceptar y al disponer (siendo juez y parte) de 20 millones de pesos para ser utilizado a “discreción”.

El debate real sobre el Presupuesto de Egresos ante una realidad nacional e internacional compleja y en varios aspectos adversa debería de haberse alejado de intereses partidistas, electorales, y de interés de grupos económicos, para convertirlo en un instrumento que permitiera incrementar nuestro tan necesario crecimiento económico; aunado a un ejemplo de trasparencia y de rendición de cuentas.

La coyuntura interna nos mantiene alertas, ya que México se encuentra en un punto de estancamiento que le impide alcanzar el crecimiento esperado.

El rezago de las reformas estructurales, así como su implementación y la falta de consolidación de resultados para romper dicho estancamiento, resulta complejo porque al haber efectuado las reformas parecen no haber sido lo suficiente para romperlo.

Las variables de inversión en puntos estratégicos que detonen en un mayor ingreso, mayor empleo, y por lo tanto mayor consumo y reactivación de la planta productiva y por tanto mayor crecimiento no se han visto.

El Presupuesto de Egresos se constituye en el instrumento para direccionar el gasto público de manera que permita impulsar el crecimiento económico. Si bien el entorno internacional sigue difícil desde la crisis de septiembre de 2008 no termina de sorprender al mundo en el siglo XXI, y los paradigmas para reactivar la economía no han funcionado y es necesario poner atención en primer lugar en nuestra dependencia con Estados Unidos, como nuestro principal socio comercial con alrededor del 80% de nuestras exportaciones, nos hacen vulnerable al lento crecimiento de nuestro vecino.

En segundo término, la incertidumbre global del crecimiento y la volatilidad cambiaria en términos reales, lo cual ha generado la devaluación del peso, y la baja en las reservas internacionales, lo cual no es un asunto menor.

Como tercer variable, podemos identificar que a casi 10 años de intensa violencia ha resultado en una imagen negativa, pero real de México en el mundo que reduce la confianza de la inversión extranjera, por la evidente ruptura del Estado de Derecho.

El Presupuesto de Egresos 2016, generó una falsa expectativa de que surgiría de una nueva dinámica de base cero que permitiría corregir vicios y por tanto la propia asignación resultaría en un presupuesto novedoso, sin embargo vale la pena hacernos la siguientes preguntas:

¿El Presupuesto aprobado por la H. Cámara de Diputados rompió la inercia de gasto de cada una de las dependencias que integran al Gobierno? ¿Todos los programas justificaron su existencia como política pública más allá de intereses? ¿Es un crecimiento que impulsará el crecimiento económico?

Lamentablemente perdimos nuestra oportunidad de reorientar la estrategia de desarrollo para fortalecer el mercado interno, el resultado nos lleva a pensar en un presupuesto recesivo que se aleja de la prioridad nacional de combate a la pobreza y la desigualdad.

El flagelo de la desigualdad fomenta el crimen, la violencia y el bajo crecimiento, que a su vez fomenta la desigualdad, la informalidad y la baja productividad.

El 2016 se antoja por demás complicado.

Twitter:@SamuelAguilarS

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